Andrea Bracamonte, una historia de superación personal: «en el agua, mi discapacidad desaparece»

Cada competencia deportiva tiene un puñado inmenso de historias de superación personal. Una de ellas es la de Andrea Bracamonte, apasionada deportista que compite -por cuarta ocasión- en la Regata Internacional del río Negro.

Andrea sufrió un accidente automovilístico en una autopista cuando tenía 22 años, en 1994. Su vida se ensombreció cuando los médicos le dijeron que iba a volver a caminar. Pero también significó un impulso para atravesar experiencias inigualables cargadas de alegría. Parte de su recuperación la acercó a la natación, luego pasó por el básquet en silla de ruedas e integró la selección nacional. Jugó los Juegos Panamericanos de Brasil y Guadalajara.

Andrea Bracamonte

Un día le hablaron de la regata más larga del mundo y se entusiasmó. «En el agua, mi discapacidad desaparece», explica Andrea que participa por cuarta vez en la Regata Internacional del Río Negro. «Estoy enamorada del río», respondió cuando le preguntaron hace un año por qué elige la  competencia.

En sus redes sociales describió los detalles de la participación de ayer, la segunda etapa. «No había pronóstico de vientos fuertes y había escuchado de la palista local algunos datos en la cena sobre por dónde encarar los remolinos. Fui muy tranquila y confiada», relata y continúa: «El río estaba más movido de lo que esperaba y el viento no apaciguaba el calor de 36 grados, pero era viento en contra, extrañamente en este último año me siento cómoda remando con viento en contra».

«El paisaje va cambiando en una orilla, sigue la verde arboleda y en la otra margen ya se empiezan a imponer las bardas áridas de color rosa viejo. Esta vez no observé tan detenidamente el paisaje ya que cualquier descuido desestabilizaba el bote.

«El paisaje va cambiando en una orilla, sigue la verde arboleda y en la otra margen ya se empiezan a imponer las bardas áridas de color rosa viejo. Esta vez no observé tan detenidamente el paisaje ya que cualquier descuido desestabilizaba el bote. El nubarrón que cubrió el río 5 km antes de la llegada fue un alivio para descansar del sol que quemaba».

«La camaradería a la orden, remando en la ola de los otros botes y permitiendo que remen en la nuestra, sacando unos a otros las algas enredadas en timones y proas que hacían el bote lento y pesado y así en un mini pelotón nos fuimos juntos hasta la llegada. Ya para cuando nos volvíamos al alojamiento, el granizo y la tormenta. Así que ducha cena y a dormir que mañana toca la etapa más larga».

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