La mujer que rompió moldes machistas: «Cuando salí en el camión, la gente levantaba el pulgar»

Choele Choel.- En los últimos años la sociedad vivió una transformación cultural en torno al rol de la mujer. Los espacios reservados antes a los hombres fueron cuestionados y así, cada vez más de forma más natural, la distribución de tareas se libera del machismo.

La determinación de las mujeres que hacen lo que desean es fundamental para este cambio. Es el caso de Mariana Macedo, la primera mujer en Río Negro que apostó por manejar camiones, especialmente los municipales.

La joven lamarqueña se radicó en Choele Choel hace 18 años. Un día se convenció que debía transitar el camino que más le gustaba. Lo suyo no era el trabajo en la oficina. «Lo mío está afuera, en la calle y sobre todo en el camión. Ese es mi lugar», dijo convencida. Mariana ingresó al municipio en 2003 y en 2011 recién pasó a planta permanente.

La pasión por manejar es algo propio de su familia. Sus padres corrían en la fórmula 850, sus tíos lo hacían en motocicletas. «Es más, yo recorrí gran parte del país en moto. Tengo dos hermanos y siempre compartí esta pasión de los fierros y los camiones», contó y agregó que siempre sintió ganas de hacerlo, «nunca sentí el tema de género, siempre mis padres me enseñaron a hacer un poco de todo, revocar una pared, pintar, arreglar un mueble, soldar o arreglar un motor».

Hace años Mariana estaba en el área de deportes y vio algunas sillas desoldadas. Y por su cuenta, agarró la soldadora y las arregló. Una compañera le sacó una foto y la envió al ex intendente Daniel Belloso. «Ah, mira que bien, muchos deberían aprender», dijo. Y Mariana respondió rápido y le pidió una entrevista personal.

«Le dije que quería hacer otras cosas, no solo estar atrás de un escritorio. O simplemente soldar», contó Mariana y recordó que ante la pregunta de Daniel sobre qué quería hacer. Ella respondió: manejar camiones. «¿Te animas?», preguntó el por entonces intendente. Ante tanta seguridad, le indicó que comenzara con su nueva tarea el lunes siguiente.

Mariana se presentó y comenzó su historia. «Hice mis primeras armas en el municipio porque yo ya sabía manejar todo tipo de camiones, con semirremolques, o remolques, o maquinarias pesadas, para mí fue una parte de mi vida y de aprendizaje de mis padres», dijo.

Un día se presentó en los talleres y comenzó a recibir instrucciones de la gente que trabajaba en el área y le enseñaron todo sobre la maquinaria que usa el municipio, como la máquina compactadora. «Por amante a los fierros, ya sabía pero otras cosas las aprendí», contó.

«Después de unas horas de recorrer la ciudad en el camión, la gente empezó a levantarme el pulgar y las mujeres me alentaban. Fue muy lindo», contó Mariana

Mariana no supo que su decisión tenía un significado transformador para muchas otras mujeres. Representó un camino.

Un día sucedió el momento tan esperado. Le dijeron que debía manejar el camión municipal de residuos. Los conocimientos básicos ya los tenía. El gran desafío era, ahora, la aceptación de sus compañeros y la sociedad. Una mujer arriba del camión, todo un acontecimiento. «Me equivoqué», reconoció y contó que el recibimiento de sus compañeros fue excelente. Y luego de unas horas de recorrer la ciudad, comenzó a ver que la gente aprobaba levantando el pulgar con decisión. Mujeres con sus puños al aire, entusiasmadas.

«Fue una sensación hermosa. No tiene nombre. Empecé a ser modelo de muchas fotos que me hacían vecinos y vecinas de la ciudad, que después vi en las redes sociales», contó. Cuando llegó el cambio de gobierno, Mariana pensó que quizá la iban a cambiar de área. Pero no, todo lo contrario. El intendente Diego Ramello nunca puso en juicio su trabajo. Es más coordinó toda la parte administrativa para que ocupara el lugar.

Mariana contó que desde que comenzó la pandemia, muchos de sus compañeros fueron enviados a sus hogares por cuestiones preventivas. «Y yo seguí en pie, siempre trabajando», aseguró. De esta manera estuvo a disposición para cada llamado. Anduve desde el camión regador, recolector de residuos y otras tantas tareas, «que para muchos eran imposible. Para mí era lo más hermoso que me había pasado en la vida».

Desde las 6 de la mañana está verificando el estado del aceite, el agua o el líquido de frenos del camión. Y después de esto, a recorrer las calles. «Y tratar de hacer mi trabajo lo mejor posible», dijo.

El asombro de los vecinos fue increíble para ella al principio. Pero luego de unos días, la llamaban por su nombre. Y eso fue reconfortable. Hoy se siente feliz haciendo su trabajo. «Uno se siente bien haciendo lo que le gusta. Yo lo siento así», aseguró más convencida que nunca.


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