Las mujeres de Malvinas

De cómo las Malvinas reafirmaron la soberanía de la Argentina en las Islas del Atlántico Sur

Por la Lic. Liliana N. Zacarías (*)

Cuando en las escuelas de nuestro país se trata el tema de los derechos soberanos sobre las Islas Malvinas se menciona a Luis María Vernet, comerciante argentino de origen alemán, que  fue designado primer  Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas por el gobierno de Martín Rodríguez, gobernador  interino de la provincia de Buenos Aires el 10 de junio de 1829.​

La decisión política de conceder territorios y derecho de explotación de los mismos a Vernet, delegando en su persona toda la autoridad y jurisdicción necesaria al efecto, constituye el más importante antecedente legal en relación con los reclamos argentinos sobre las islas en disputa. De ahí que la fecha de la creación de la Comandancia fuera tomada por la Ley N° 20561/73 para establecer  el 10 de junio como Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, Islas y Sector Antártico.

María Sáenz de Vernet

Vernet viajó al archipiélago junto con su esposa, María Sáez y sus tres hijos, Emilio, Luisa y Sofía y se instaló en la Isla Soledad. Con él se trasladaron «diez bonaerenses, diez marinos de habla inglesa, doce familias de varias nacionalidades, siete alemanes, seis ingleses solteros, algunos indígenas y cuarenta negros».

El 30 de agosto de aquel año, Vernet tomó posesión del cargo de forma oficial en una ceremonia, haciendo flamear el pabellón nacional. Junto a él está María Sáez “la cronista de la soberanía argentina en las Malvinas”, quien desempeñó un rol fundamental para hacer que el proyecto de colonia prosperase, casi desconocido hasta hace relativamente poco por la historia argentina. María llevaba un Diario, que como en muchos otros casos de documentos privados han servido luego para reconstruir párrafos trascendentes de la historia pública.

“A las 12 se reunieron los habitantes, se enarboló la bandera nacional, a cuyo tiempo se tiraron veinte y un cañonazos, repitiéndose sin cesar el viva la patria. Puse a cada uno en el sombrero con cintas los dos colores que distinguen nuestra bandera. Se dio a reconocer el Comandante.” María registra todo lo que ocurre en las islas y en su vida los próximos meses: el proceso de adaptación de su familia y los colonos a las rigurosidades del clima, la geografía isleña, las relaciones sociales entre los habitantes, el paso de navegantes de distintas nacionalidades, los recursos naturales que abundan. Cumple un papel esencial en el mantenimiento del estado de ánimo y en el cuidado de la incipiente población, cuidando se cubran sus necesidades básicas y organizando reuniones y celebraciones.

Más adelante escribe a su madre: “ Hoy hemos celebrado en las islas, el primer “casamiento civil”. Esto quizás resulte incomprensible a sus sentimientos cristianos. Pero no tenemos otra manera de legalizar las uniones. Hubo ceremonia y fiesta. Me siento feliz…”  También era el primer matrimonio civil en el territorio que luego sería la República Argentina. Además del cuidado de sus tres hijos de corta edad, María cursa un embarazo y el 5 de febrero de 1830 nace en Puerto Soledad, rebautizado por Vernet como Puerto Luis, Matilde Vernet y Sáez, que toda su vida fue llamada Malvina. “¡Mi mujercita malvinense! La tengo en mis brazos. Su boquita ávida como un botón de rosa ya quiere succionar. Me embarga de dulzura. Es un milagro. Beso sus deditos. Perfecta. Mi mujercita isleña. Mi niña valiente que ha nacido en una isla, ahora más que nunca, como si hubiéramos enarbolado entre las dos una bandera…” Esta beba fue la primera argentina nacida en las Islas Malvinas y el primer nacimiento registrado en ellas, otro hecho fundamental a la hora de los reclamos sobre los derechos soberanos que  nuestro país ha efectuado por años, luego de la ocupación británica de las mismas.

El progreso material de la colonia fue advertido por viajeros de distintas nacionalidades, entre ellos Fitz Roy, que alabaron las dotes de anfitriona de María y su talento para el canto. Su hogar fue un espacio donde los isleños pudieron encontrar motivación y refugio que les permitieran hacer frente a las condiciones de vida de aquel lugar lejano de otras poblaciones, al que las noticias llegaban de tanto en tanto. “Querida madre: Aún estará disfrutando de las nuevas que envié con el señor Lanús y ya van otras. Es que aprovecho la partida de la goleta del capitán Perrins hacia Buenos Aires. ¿Le gustó la jalea de michay? Es un fruto muy dulce que se da en la zona…” “Ahora, mientras le escribo, miro por la ventana grande del salón, hacia la bahía. Todo está calmo, finalmente, pero es tanta la ansiedad por saber de ustedes, que vigilo cada recodo, cada punto de la bahía hasta donde mi vista alcanza, esperando ver llegar la ansiada goleta que me traiga noticias. No está en mi diario este desasosiego. Sólo es para mí y a usted se lo confío porque sabe que a pesar de la nostalgia, no resigno mis deberes…”

Los conflictos con fragatas norteamericanas que pescaban en costas malvinenses y tras el incidente de la Lexington, el 19 de noviembre de 1832, Vernet y su familia abandonaron las islas para siempre a bordo la goleta lobera Harriet, que había sido apresada a los estadounidenses, con destino a Buenos Aires.

Matilde «Malvina» Vernet

Con la posterior ocupación militar inglesa del archipiélago, todas las familias que habitaban las islas fueron expulsadas y nunca más volverían allí.  Los Vernet pasaron un tiempo en Brasil, Uruguay y luego se establecieron en San Isidro, Buenos Aires, en una casa de campo que aún subsiste. Los Vernet tuvieron tres hijos más: Gustavo, Carlos y Federico. María Sáez de Vernet falleció en Buenos aires en 1858. Luis Vernet falleció en 1871. Los restos de ambos descansan en el Cementerio de La Recoleta.

Matilde o Malvina se crió en San Isidro. En 1861 se casó en Montevideo con el capitán naval estadounidense Greenleaf Cilley, con quien se trasladó a vivir a Estados Unidos, en el marco de la Guerra de Secesión de aquel país. Algunos testimonios afirman que Malvina estuvo presente en el teatro Ford de Washington el 14 de abril de 1865 y fue testigo del asesinato del Presidente Abraham Lincoln.

Malvina tuvo seis hijos, tres mujeres y tres varones. Dos de sus hijas fueron las primeras Malvinas que fueron oficialmente registradas con ese nombre: Deborah Malvinas Cilley, nacida el 30 de junio de 1870 y Malvina Justa Cilley, nacida el 30 de noviembre de 1872.  Así dio inicio la tradición familiar de que en cada generación  al menos una integrante de la familia llevara el nombre de las islas.

El asesinato de Lincoln y la muerte de uno de sus hijos, obligó a Malvina y a su esposo regresar de nuevo a la Argentina, instalándose en la finca familiar Las Acacias de los Vernet en San Isidro, donde el 24 de septiembre de 1924 falleció Matilde a los 94 años. Sus restos se hallan en el Cementerio de La Recoleta. ​

Al cumplirse cien años del nombramiento como gobernador de Malvinas de Luis María Vernet, el 10 de junio de 1929, la familia de casi un centenar de descendientes se reunió en la casona de San Isidro. Ernesto Cilley Hernández, bisnieto de María, publicó en 1989 el Diario de 1829 en forma bilingüe español-inglés.Y en numerosas ocasiones intentó sumar el nacimiento de su abuela Matilde (Malvina) en las islas como aporte al reclamo de soberanía argentina, con el argumento de que esos cientos de descendientes hubieran continuado su vida como pobladores de aquella comunidad.

La historia de María Sáez, su familia y nuestras Islas Malvinas es muy rica y nos acerca a un conocimiento más profundo de nuestros derechos soberanos sobre el archipiélago, la explotación económica del área y las ambiciones de las potencias extranjeras de siglos por poseerla. Los invito a leer “María de las Islas” de Estela Sáenz de Méndez, “Nostalgias de Malvinas” de Silvia Plager y Elsa Fraga Vidal y el “Diario de 1829 en Malvinas” de María Sáez Pérez de Vernet, que se halla en el Archivo General de la Nación. Y a recordarla, a ella, a sus descendientes y a las mujeres que estuvieron con ella haciendo posible la vida y el desarrollo de esa primera colonia argentina en las islas australes. Para la reafirmación de nuestros derechos soberanos, ellas hicieron su parte.

(*) La autora es Licenciada en Relaciones Internacionales,de la Universidad del Salvador y Presidente de la Asociación Amigos Museo Histórico Regional de Choele Choel


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