Los vuelos de un escritor.. A 120 años del nacimiento de Antoine de Saint Exupéry

Por (*) Liliana Verbeke

Una obra prolífica como escritor comparable con sus proezas como aviador, la de éste sensible piloto fundador en nuestro país de la Compañía Aeropostal Argentina.

Todos y cada uno de sus escritos marcan una instancia y un tiempo de su propia vida. Nacido hace 120 años en Lyon, Francia el 29 de Junio de 1900 dejó una página en la historia de la aviación nacional por sus servicios imprescindibles y heroicos prestados en sus vuelos a la Patagonia.

Tal como digo, sus libros tienen sabor a su propia experiencia como piloto en contextos tan especiales y una sensibilidad propia de los seres nobles. Su obra “Vuelo Nocturno” evoca aquellos viajes, sobre cielo patagónico, llenos de nocturnidad y misterio.

Más de dos mil kilómetros, desde los confines australes a Buenos Aires serán el tiempo y la distancia que Saint Exupéry transita con su avión.

Comienza como piloto en el año 1926 cuando alcanza un contrato con una línea aérea, por entonces publica un cuento breve “El Aviador” en la revista que dirige Jean Prévost, Le Navire d’Argent.

Su actividad literaria era alimentada y fagocitada en cada vuelo, cada etapa constituía una fuente de inspiración y producción de sus escritos de manera incesante.

Dos frases suyas:

«Eres el dueño de tu vida y tus emociones, nunca lo olvides. Para bien y para mal»

«No heredamos la Tierra de nuestros antepasados. La legamos a nuestros hijos»

En 1928 estando al frente de la estación aérea en el Sahara Español, escribe “Correo del Sur “su primer novela.

Llegará a Buenos Aires como director de la Aeroposta Argentina, filial de la Compañía con la misión de organizar para la empresa la red de Latinoamérica.

En éste contexto tiene lugar su obra “Vuelo Nocturno”, allí cita a distintas ciudades como Bahía Blanca y a patagónicas como Comodoro Rivadavia, Trelew, llegará también a Rio Grande y San Antonio Oeste, ciudad que impuso su nombre a la estación aérea local.

Vienen malos tiempos para la empresa Aeroposta, pero el piloto francés prosigue su derrotero en los cielos y en el surco de las letras.

Continúa sus vuelos como piloto de pruebas con varios intentos de récords y la resultante de dos graves accidentes: uno en Egipto en pleno desierto en 1935 y en Guatemala en 1938.

Recuperándose del accidente en Nueva York escribe y realiza adaptaciones para cine de algunos de sus textos. De su encuentro con André Guidé, su consejero literario, da vida a un nuevo libro basado en textos ya publicados sobre viajes, (a España durante la Guerra y Moscú incluso) reportajes, artículos para revistas varias, así nace «Tierra de Hombres»y «Vuelo Nocturno», una remembranza de sus vuelos en Patagonia.

La Segunda Guerra mundial lo ve como piloto de guerra con la aviación francesa en 1940, tras la caída de Francia se marchará a Nueva York y allí nacerá “Piloto de Guerra” pero decide no intervenir y permanece al margen de todo partidismo, lo que no es bien visto por las fuerzas “gaullistas”.

Prefiere apostar por el respeto al hombre, al ser humano esencial y escribe «Carta a un rehén» y en ese mismo año de 1943 lanza al mundo la obra que lo hará eterno como escritor , como hombre superior –podríamos decir- ilustrada por el mismo y traducida a varios idiomas, incluso al aymara “El Principito”.

Retoma su misión como piloto y es incorporado –tras su pedido- a las fuerzas francesas en África del Norte, con misiones en Cerdeña y Córcega. El 31 de julio de 1944 emprende su misión más lejana y eterna; su avión desaparece en el Mar Mediterráneo.

Tras su muerte aparece una obra inconclusa “La Ciudadela” que es publicada de manera póstuma en 1948.

Toda su obra estuvo impregnada de vivencias, algunas al límite, acción, aventura y por sobretodo humanismo, alguien ha dicho que:”Saint Exupéry” mostró siempre que el hombre es sólo lo que hace…

(*) Diplomada en Preservación del Patrimonio NyC (UBP)


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