Superó el alcoholismo y ahora ayuda: “Cuando vi el sufrimiento de mi familia, puse todo de mí para salir”

Choele Choel.  El alcoholismo es una enfermedad que muy pocos quieren reconocer, que acompaña con persistencia la vida diaria sombría de muchas personas. Y tiene una única cura que es aceptarla, mirarla a los ojos.

El Grupo Institucional de Alcoholismo (G.I.A) es un espacio que nació gracias a personas que padecieron esta enfermedad, y hoy son quienes quieren ayudar a otros que por diversos motivos, ya sea laboral, familiar o, a veces parezca inexplicable, cayeron en el alcoholismo. Este grupo encara todos los días esta dura problemática sin el financiamiento de alguna organización o partido político.

Esta es la historia de un vecino de esta ciudad, Leonardo Luna, coordinador de G.I.A en el Valle Medio, y que reconoció con orgullo que pudo salir de la pesadilla, luego de transitar por las tinieblas del alcoholismo. En Choele Choel lo conocen como “Lalo”. “Yo fui alcohólico y es por eso que quiero ayudar con mi experiencia”, admitió.

“Yo fui alcohólico y es por eso que quiero ayudar con mi experiencia”, admitió Lalo

G.I.A. es un grupo que está en todo el país y su base en la provincia está en Cipolletti con un grupo de excelentes profesionales que lo acompañan -psicólogos, psiquiatras- y los recuperados que aportan sus valiosos testimonios. Un día recibió la propuesta de integrar el grupo y aceptó de inmediato. Sabía que su experiencia podía ser útil para otras personas.

Una historia de vida 

Cuando Lalo apenas tenía 12 se acercó al alcohol “como una forma de conocer la vida”. Recordó un viaje a Pedro Luro, Provincia de Buenos Aires; era un viaje de estudios y compró varias petacas de alcohol. “Creo que ahí empieza la historia”, dijo. Luego, comenzó a trabajar en lugares donde habían muchos mayores, “y yo con mi edad compartía con ellos, esos encuentros donde el alcohol era el principal atractivo en reuniones de amigos. Así transcurría mi vida, entre el estudio y trabajos esporádicos, pero siempre con el alcohol presente”.

El hábito se tornó incontrolable. En la adultez no podía manejar la situación y, sin ser consciente, el consumo excesivo de alcohol se había convertido en una enfermedad. Cuando algún familiar o amigo le hacía un comentario, él respondía: “no pasa nada”.

“Dios me puso en el camino a una persona que me hizo ver la situación, Domingo Tomadini. Él supo con sus argumentos y ejemplos sacarme del alcoholismo”, contó

Hay un regla. El alcoholismo no respeta edades, sexo, situación económica o color de pie. “La única cura que tiene esta enfermedad es aceptarla”, definió.

Lalo recuerda hoy entre risas esos días en los que se levantaba a la madrugada y salía a comprar alcohol y si no tenía dinero, se lo daban igual porque lo conocían. “Ese es el peor error que hay. Si alguien te quiere o te respeta en la sociedad, puede darse cuenta que te está haciendo un mal”, apuntó.

En uno de los momentos más tormentosos de la enfermedad, Lalo recuerda un instante clave. “Dios me puso en el camino a una persona que me hizo ver la situación, Domingo Tomadini. Él supo con sus argumentos y ejemplos sacarme del alcoholismo”, contó y a los 26 años logró abandonar su pesadilla. Hoy, con orgullo dice que hace 32 años que está sobrio.

Ayudar a otros 

Después de salir del alcoholismo, Lalo sintió la necesidad que sus vivencias llegaran a otras personas que sufren esta enfermedad que no solo perjudica a la persona sino al núcleo familiar. “Fue un trance muy duro, pero al ver cómo mis familiares sufrían por todo esto, puse todo de mí para salir adelante”, destacó.

Hoy Lalo integra G.I.A. En Chimpay trabajan con Oscar Prada y un grupo de profesionales del hospital de la ciudad, se encuentran los miércoles a las 19. En Luis Beltrán se reúnen los lunes a las 20, también en el hospital.

Hoy, debido a la pandemia, están detenidas las actividades, “pero no mi celular el que está abierto para quien necesite charlar, o simplemente hablar de esta problemática, 2984-559210. Pueden encontrarme a cualquier hora”. Lalo explica que el alcoholismo no surge un día u hora determinada, “está latente todo el tiempo y la recaída puede ser terrible y tirar el trabajo realizado en tanto tiempo”.

En estos grupos se aceptan a todas aquellas personas que de corazón quieren dejar el alcohol. Por ellos y por sus familias.  Es sumamente importante el acompañamiento de estas personas, tratar de estar con ellos y compartir vivencias o simplemente escuchar, “es el momento de desahogo que muchas veces es lo que hace falta”.

El G.I.A funciona en nuestra provincia gracias al aporte del psiquiatra Jorge Luis Pellegrini y a Mónica Cecilia Pereyra, que está a cargo de la central en Cipolletti.

 

“Lamento no ser alcohólico”

Por Jorge Luis Pellegrini (psiquiatra; creó los grupos G.I.A. en febrero de 1984, en el hospital Francisco López Lima)

Yo he tratado de encontrar que hay dentro de los alcohólicos que he tratado. Estoy refiriéndome a los alcohólicos activos que han llegado a mi consulta y a los que he analizado. He escuchado la historia de muchos ellos, tratando de encontrar la confirmación de cosas ya conocidas o el descubrimiento de cosas que no conocía. He venido persiguiendo su verdad donde se encuentre, porque el mundo del alcoholismo es un mundo difícil de captar y mucho más difícil aun de comprender o explicar. Tarea ardua que una persona no alcohólica como yo, sea capaz de captarla como podría hacerlo un alcohólico frente a otro en ese espejo, en ese sincero y autentico enfrentamiento de dos semejantes. He conocido y escuchado abundantes historias, he estudiado por mucho tiempo la personalidad y el mundo del alcohólico. Hablo como psiquiatra.

Me atrevo a decir honestamente y con sinceridad que lamento no ser alcohólico. Porque creo, que estas personas, me refiero a las que he conocido en Alcohólicos Anónimos (A.A), disfrutan de una condición privilegiada. En circunstancias sociales o históricas como estas donde el hombre y el humano sufren tantas derrotas, ellos son hombres que vencen, que están venciendo y que piensan seguir venciendo.

Son pocas las personas que se sienten tan dueñas de sí, tan dueñas de sus vidas, tan dueñas de la necesidad de triunfar y de vencer a la vida, como estos hombres y mujeres que se recuperan o se han recuperado en Alcohólicos Anónimos. Ojalá uno pudiera sentirse como ellos y por eso dije que lamento no ser alcohólico.

Los Alcohólicos Anónimos son personas que han dicho un NO rotundo, no un NO a medias, sino un NO rotundo a lo fácil, un NO rotundo a la esclavitud, un NO rotundo a la sumisión, a la dependencia, un NO rotundo a la debilidad, al fracaso, al escepticismo, a la falta de esperanza para darse un SI completo a sí mismo y un SI a la vida.

El hombre no se enferma por el hombre. EL hombre no se enferma solo, aislado. Es el contacto con otros hombres, es su relación con otros hombres lo que le produce al hombre su enfermedad, incluyendo el aislamiento. Y si se enferma con el contacto con la gente ha de curarse con el contacto de la gente. Por eso nuestros manicomios que durante mucho tiempo fueron como cárceles donde se encerraba y aislaba a los enfermos mentales, hace mucho tiempo que abrieron sus puertas y cambiaron su estilo.

Y hoy se mira con vergüenza que hay rejas y vigilancia del tipo carcelario, suspirando por un futuro en el que todo eso haya cambiado para que exista una abierta comunidad y comunicación entre el medio y aquel grupo de enfermos que es parte de ese medio que es alienado, se ha enfermado en él o por el mismo medio. No debe por tanto ser segregado del ambiente. Debe de vencer donde fue derrotado. La prolongada disgregación de este párrafo es el fundamento que apoya mi elogio y entusiasmo que la sabia terapia colectiva que Alcohólicos Anónimos emplea por tradición para las personas que sufren por el alcohol y entran en su seno. La Medicina Psiquiátrica de hoy habla de la necesidad de los grupos de terapia y de terapias breves para atender a las grandes masas y para obtener contables éxitos terapéuticos.

De manera que Alcohólicos Anónimos no es una agrupación de gente decepcionante, sino, de gente que impresiona por su condición de gente; y Alcohólicos Anónimos no es una aventura falaz, no es una cuestión improvisada, o un grupo de fanáticos, o un producto del azar, ni es la idea feliz de un par de borrachitos, sino la genialidad de una solución efectiva para tremendo problema.

Analizando desde dentro, el Programa de Alcohólicos Anónimos, es un Programa de Recuperación por los valores. Es un darle importancia a las cosas que hoy les quitamos importancia. Dar importancia a la voluntad cuando nadie habla de ella. Darle importancia a la realidad cuando pagamos por llenar nuestras vidas de mentiras y sueños. Es considerar y respetar a los demás, hacer importante el respeto de sí mismo cuando estamos nadando en la desvergüenza.

Creo que todos nos vendría bien conocer Alcohólicos Anónimos, y por eso estoy seguro que en los que asisten a nuestras reuniones abunda la sorpresa y la admiración. Y más de uno dirá entonces como yo, que para gozar la sobriedad, el valor y la serenidad de estos hombres, hasta valdría la pena ser un alcohólico.

El Alcoholismo no es un vicio sino una enfermedad, y es una pena ser enfermo. Es doloroso estar enfermo. Pero eso no tiene que darnos vergüenza alguna. Porque si es de visionarios no caer, es de valientes y humildes el poder levantarse.

Alcohólicos Anónimos es sin duda alguna, un cambio de liberación. Yo me siento feliz estar entre mis amigos, aunque lamento no ser uno de ellos por todos lo que he dicho.


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