Un riñón para un hermano: actitud para celebrar

 

Choele Choel.- Marcelo no se sentía bien. En su cuerpo, algo no funcionaba correctamente. Se trataba de uno de sus riñones.

“Tenés ‘riñón poliquístico'”, le había dicho un nefrólogo e inmediatamente comenzó la tremenda rutina de dializarse tres veces por semana. Se sentía cansado pero su fe y las ganas de superar el mal trance pudieron sobrellevar el trajín.

“Así fue desde el 2006, cuando me habían descubierto el problema. No había otra que viajar para hacer la diálisis y enchufarme a la máquina cinco horas tres veces por semana”, dice Marcelo Moreno.

Ahí aparece Paola, una de sus dos hermanas. El otro es Alejandro e integran un cuarteto de hermanos muy amigos.

“Yo ya había sido mamá dos veces y entonces me dije ‘ahora es el momento, ya tuve mis hijas así que ya puedo’ y hablé con Marcelo para proponerle hacernos los análisis de compactibilidad y el resultado fue que de los seis items que tiene, en todos hubo plena coincidiencia”, comentó Paola y agregó que ” no tuve que pensarlo demasiado ni consultarlo, sólo informé mi decisión y se debe a que podía tenderle una mano a alguien y en este caso se trataba de mi hermano”.

Antes de eso, Marcelo se había anotado en lista de espera pero la decisión de su hermana aceleró los tiempos.

Luego de los exámenes de rigor, el 10 de abril pasado, ambos se internaron en el Policlínico Neuquén para llevar adelante el transplante. “Un equipo fantástico nos tocó, como veinticinco personas, todos muy amables y eso nos dio una inmensa tranquilidad”, agrega Marcelo.

Cuatro horas fue el tiempo para extraer el riñón de Paola y otro tanto para colocárselo a Marcelo. “Todo fue un éxito, mucho trabajo, pero un éxito”, comentaron los profesionales a la salida del quirófano. Había que esperar la reacción.

“Llevo más de ochenta días y nada, todo marcha muy bien. Nací de nuevo”, dice emocionado mientras repasa todo lo sucedido. “Sigo con medicamentos pero con dosis muy menores  y con otro semblante, con muchas ganas de hacer cosas; eso sí, me tengo que cuidar en las comidas”, sonríe.

Una historia muy sencilla, llena de fe y optimismo que sólo el amor a dar lo mejor de uno la puede llevar a cabo.

Pasó aquí nomás, a la vuelta de la esquina. Y sirve para destacar la importancia de la donación de órganos.

De a poco la gente se va animando ante una pérdida irreparable o, como en este caso, una donación en vida. Actitudes para celebrar.