HISTORIAS DEL VALLE MEDIO
Recuerdos felices de Negro Muerto: asados, fútbol y los dueños que llegaban en avión siempre con regalos
Las historias que surgen de la estancia Negro Muerto son fascinantes. Hace algunos años, 7 en Punto dialogó con vecinos de Choele Choel que vivieron en el lugar. Y que compartieron postales de una época cargada de afectos. Una de esas charlas fue con Marta Pacheco.
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Marta contó que fue a vivir a la estancia cuando era una niña. La primera vez que la conoció fue cuando acompañó a su hermana que realizaba tareas domésticas en el lugar. Había trabajado con los dueños en Buenos Aires y luego la trasladaron a la estancia para el cuidado y mantenimiento de la casa principal, la visitaba de forma esporádica la familia.
Marta recordó que ellos vivían en la casa grande que tenía habitaciones muy amplias, una galería muy larga y oficinas que ocupaba el dueño de la estancia. "Había una escuela que los propietarios habían creado para los hijos de la peonada que trabajaba en el lugar", contó y mencionó que ella cursó ahí hasta 7mo grado. Los maestros que llegaban para cumplir con su tarea recibían una casa o habitación.
En el casco vivían unas 100 personas aproximadamente, distribuidas entre familias que se hacían cargo de los puestos. Debían producir lo que les tocaba: vacunos, frutos, vegetales. Cada puesto tenía que mantenerse con el trabajo de sus cuidadores que lo hacían en conjunto con la familia. Había un puesto de sanidad, una radio (VLU) de larga sintonía con la que los encargados mantenían al tango de lo que sucedía en la estancia.
"Era un lugar hermoso para vivir, recuerdo los asados que se organizaban, o los partidos de fútbol para todos los que vivían en este campo. O los jugadores que traían de Choele Choel para poder hacer algún campeonato", recordó Marta.
Los dueños, según Marta, tenían un encanto especial y una armonía personal contagiable. Cada vez que llegaban, era una fiesta para todos. Recibían útiles para el colegio, indumentaria o juguetes. "No nos faltaba nada", reconoció y contó que un día los pudo conocer. Llegaban en un avión que utilizaba la pista de la estancia. O a veces en un auto con chofer.
"Recuerdo que traían de todo, juguetes, útiles o lo que nos faltara. Los recuerdo con mucho cariño", comentó. Los dueños del establecimiento Negro Muerto eran Don Juan Carlos Galli y familia. Eran de Buenos Aires pero cada verano y en las Pascuas decidían establecerse en su estancia, por unos 15 o 20 días. Ellos pretendían que todo estuviera preparado cuando arribaban al encantador lugar.
La familia estaba compuesta por Juan Carlos, Fernanda y sus hijos, Gilberto, Fernando y Jesús. Cada vez que llegaban, era toda una revolución en la estancia porque aparecían los regalos para los niños y niñas.