2025-07-14

COMO EL AVE FÉNIX, PERO A ORILLAS DEL LAGO MASCARDI

El Tronador, un hotel que renació de sus cenizas

El pequeño establecimiento antecesor se incendió en 1933. Lejos de dejarse ganar por el desaliento, la familia Vereertbrugghen redobló la apuesta con los resultados que todavía están a la vista.

El relato mítico que se atribuye al Ave Fénix se hizo realidad en un rincón del noroeste patagónico: en marzo de 1933, la hostería que Benito Vereertbrugghen había levantado pacientemente junto con su pareja desde 1929, se redujo a cenizas después de un lamentable accidente. Sin embargo, lejos de darse por vencida, la familia sacó fuerzas de flaquezas y no tanto tiempo después del drama, renació de los escombros el que sería un emblema del turismo barilochense: el hotel Tronador.

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Los Vereertbrugghen habían llegado a Bariloche en 1907: papá José Emanuel, mamá María Julia y precisamente, Benito. Por distintos avatares que quizá sean merecedores de otra reseña, el primero decidió retornar a Bélgica en 1922, pero el protagonista de estas líneas decidió permanecer con la cordillera en compañía de su madre. José fue el primer médico que ejerciera de forma permanente en estas latitudes.

Ante la nueva situación, “Benito continuó con sus emprendimientos en Mascardi y Pampa Linda y también canceló la deuda de su padre en el almacén de ramos generales”, escribió Toncek Arko en su libro “Monte Tronador. La montaña insignia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (2024). “Pese a nacer en Europa se sentía argentino y hasta hizo el servicio militar en Buenos Aires, como granadero”.

Su arraigamiento continuó cuando “comenzó a criar vacas y ovejas en la zona comprendida entre los lagos Gutiérrez y Mascardi, al sur de Bariloche, una de las actividades más sustentables en la región por aquel entonces”, estableció Arko. “Con el correr de los años el lugar le quedó chico y por ello abrió la picada que cruzaba por la laguna Llum hacia el arroyo Casalata, donde construyó un rancho. Posteriormente llegó al extremo oeste del lago y se instaló en el predio donde actualmente está el hotel Tronador”, reconstruyó.

De manera previsible, “la proximidad con el monte Tronador hacía que Benito y su esposa recibieran continuas visitas de turistas. Su casa se fue transformando en hospedaje y lugar de paso obligado en el ascenso hacia el extinto volcán. A medida que las vacas avanzaban valle arriba, se fue haciendo huella hasta llegar, cerca de 1920, al área de Pampa Linda, donde construyó un precario puesto”.

El proceso combinó espontaneidad con planificación. “Don Ben, como todos lo recuerdan en Pampa Linda, fue un hombre corpulento y de alma inquieta. Instaló un aserradero y abrió numerosas sendas en la zona oeste del lago Mascardi. El 23 de mayo de 1928 contrajo matrimonio con Clara Emma Runge, también hija de una tradicional familia de pioneros, con 7 hermanos, fruto del matrimonio de Oscar Bernardo Félix Runge y Luisa Gertdes”, trae a colación el relato.

Primer albergue

Era cuestión de tiempo: “Ben también comenzó a incursionar en turismo, construyendo el primer albergue junto al lago en 1929, con capacidad para 10 pasajeros. Para llegar a la hostería y trasladar los materiales usaba una lancha y botes que recorrían los lagos Gutiérrez y Mascardi”. Por entonces, “comenzaron a realizarse las primeras excursiones hacia la cascada Los Césares, los pozones del arroyo Claro y el saltillo de Las Nalcas, en Pampa Linda. El hotel más cercano fue el Mascardi, que administraba Reynaldo Knapp, empresario turístico y uno de los cuatros fundadores del CAB (Club Andino Bariloche)”.

La cercanía indujo la sociedad. “Knapp y Vereertbrugghen se pusieron de acuerdo y mejoraron la huella desde el almacén de Fortunato Arden, en la margen sur del lago Gutiérrez, hasta el hotel lago Mascardi. Allí botaron dos lanchitas a motor, con capacidad para 8 o 10 personas, que navegaban por el lago Mascardi hacia su brazo oeste”, explica la narración. “Ver de cerca los hielos del Tronador fue un gran atractivo”.

En efecto, “la mayoría de los huéspedes quería conocer el Ventisquero Negro. Así, lentamente, se mejoró el sendero desde el hotel Tronador a Pampa Linda y al Ventisquero Negro. Los trabajos se hicieron a pico y pala, con cuadrillas que avanzaban a pie, con el único soporte de bueyes”. Sin embargo, hubo un tropiezo de grandes proporciones: “en 1933, en el mes de marzo, cuando Ben había partido a Bariloche a buscar turistas, por un accidente se desató un incendio y arrasó con la hostería”.

Hay que tener presente que nada de la infraestructura vial con que contamos en la actualidad estaba disponible por entonces. Por eso “toda la madera y los materiales fueron trasladados por el lago. El camino vehicular aún no existía. La nueva construcción fue armónica, de interesante arquitectura, con una torre, balcones y un agradable juego de techos”. Además, “se realizó en tiempo récord y en 10 meses comenzó a operar el nuevo establecimiento, en la ubicación actual, con capacidad para 35 personas”, precisa el racconto.

Antes de su reinauguración, el establecimiento contó con implícito respaldo nacional. “En 1922 se crea el Parque Nacional del Sub -rebautizado como PN Nahuel Huapi en 1934- y el hotel se incluye en el área protegida. Muchos de sus huéspedes fueron pescadores, atraídos por el servicio hogareño, los hermosos paisajes y la abundante pesca de truchas, introducidas en el lago algunos años antes”. Un hito de la actividad turística barilochense que todavía hace historia.

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