La fe no se detiene: la historia del viedmense que hace 25 años pedalea a Chimpay para agradecer
Desde hace 25 años, Silvio Manquelef recorre en bicicleta el trayecto que une Viedma con Chimpay, movido por un motivo muy especial. “Es por fe”, aclara al comenzar la charla con 7 en Punto. Este año, serán 40 las personas que lo acompañarán en la peregrinación para reencontrarse con el beato mapuche Ceferino Namuncurá.
“Ya estamos listos”, contó este miércoles, y agregó que el grupo se preparó físicamente para cumplir el objetivo. “Espero llegar bien con la bicicleta, me estoy recuperando. Voy a llegar”, afirmó con convicción. Detalló que 34 fieles harán el recorrido desde Viedma y que otras seis personas se suman como apoyo. Además, por la noche se integrarán algunos participantes provenientes de Bahía Blanca. “Vamos todos con la misma fe”, aseguró.
Una promesa que marcó su vida
La primera vez que Silvio hizo el recorrido fue solo, cumpliendo una promesa. En 1997 le detectaron un tumor en la médula espinal y debieron operarlo de urgencia. El 15 de diciembre le informaron que la cirugía debía realizarse luego de las Fiestas. La intervención se concretó el 7 de enero, cuando ya casi no podía moverse.
Silvio practicaba canotaje y, aunque conocía el paso por Chimpay, nunca se había detenido. Fue un amigo quien lo llevó por primera vez al santuario de Ceferino antes de una competencia. “Tenía dolor en la cintura, así que entré y le pedí. Justo el padre estaba buscando una plaqueta que, curiosamente, encontré al salir”, recuerda. Tras la carrera, el dolor se intensificó. De regreso en Viedma, una resonancia confirmó el diagnóstico.
La operación duró siete horas. El médico le confesó a su entonces pareja que no podía asegurar si Silvio volvería a caminar. La noticia fue un golpe duro: además de remar, también jugaba al fútbol.
Sin embargo, la recuperación fue asombrosa. Primero recuperó la movilidad de la pierna izquierda. Aunque la historia no terminó allí: en mayo de 1998, mientras iba a pescar en moto, sufrió un accidente que le provocó una fractura de tibia y peroné. A pesar de todo, Silvio volvió a subirse a la bicicleta. Lo hizo para agradecerle a Ceferino, y desde entonces repite la travesía cada año.
Una caravana de fe
Lo que comenzó como un acto solitario, con el tiempo se convirtió en una caravana de fe. Hoy, Silvio lidera un grupo de 40 personas. El primer tramo del recorrido va de Viedma a General Conesa. Saldrán este viernes a las 8 de la mañana y llegarán cerca de las 17, con paradas en las escuelas rurales de Monte Bagual y Colonia Frías, donde entregan donaciones y comparten desayunos con los chicos.
El sábado continúan hasta Luis Beltrán, y el domingo llegan a Chimpay cerca del mediodía.
Uno de los momentos más emotivos ocurre en Luis Beltrán, donde quienes lo desean comparten los motivos personales que los impulsan a hacer la peregrinación. “Muchas veces es un mar de lágrimas, pero muy lindo. Yo siempre agradezco”, relata Silvio, quien actualmente enfrenta una enfermedad en la columna y no está seguro de poder hacer todo el trayecto: “Ando medio rengo, pero bien”, dice entre risas.
El legado de una fe que no se detiene
A pesar de las dificultades, Silvio mantiene viva esta tradición cargada de fe y emoción. Reconoce que la responsabilidad es mucha y no sabe si alguien tomará la posta en el futuro. La organización es rigurosa: cada detalle debe cumplirse al pie de la letra.
En estos 25 años, Silvio ha reunido muchas historias de milagros vinculados a Ceferino. Recuerda especialmente el caso de una amiga que no podía quedar embarazada. Su esposo fue solo al santuario; ella quedó embarazada, pero perdió al bebé a los tres meses. Al año siguiente fueron juntos y esta vez el embarazo llegó a término. “Hoy Ceferino tiene 9 años”, cuenta con una sonrisa.