Aniversario de Luis Beltrán: quién fue el galés que trazó el futuro de la localidad
Hay vidas que parecen hechas de madera y río: avanzan, resisten y, cuando es necesario, se bifurcan hacia nuevos territorios. Así fue la de Edward Owen, “Maes Llaned”, aquel galés que convirtió la llanura patagónica en un laboratorio constante de agua, hierro y caminos. Su nombre fue sinónimo de pionerismo en Chubut, pero su historia encuentra un segundo pulso —menos relatado, más humano— en su vínculo con un lugar y un nombre que terminaría trascendiéndolo: Luis Beltrán.
Cuando Owen llegó a la Patagonia en 1874, el valle del Chubut era un territorio frágil y a la vez fértil para quienes tuvieran el valor de imaginarlo distinto. Lo hizo con rigor de ingeniero y terquedad de colono: levantó su chacra en Drofa Dulog, construyó su propio molino y su propio generador hidroeléctrico —el primero del valle, quizá de toda la Patagonia— y convirtió el paisaje en una máquina productiva.
Sin embargo, la historia que lo llevaría al corazón del territorio rionegrino comenzó años después, cuando su prestigio como agrimensor y organizador de colonias ya era conocido desde Trelew hasta Rawson. Se había ganado, con levantamientos de tierra y noches a la intemperie, la confianza de las autoridades nacionales. Eso sería decisivo.
A comienzos del siglo XX, el gobernador del Territorio Nacional de Río Negro, José Eugenio Tello, volvió a pensar en él: aquel colono capaz de abrir caminos donde solo había huellas dispersas. Lo convocó para un proyecto ambicioso: organizar la colonización en la isla de Choele Choel, una franja prometedora de tierras fértiles que aún no tenía un asentamiento estable.
Edward Owen aceptó sin titubeos. Y así, en 1903, avanzó hacia el norte acompañado por unas setenta familias. Ese movimiento, silencioso entonces, sería crucial para el nacimiento de una comunidad: Luis Beltrán.
Luis Beltrán: de Villa Galense a símbolo de una alianza
La primera denominación del nuevo asentamiento fue Villa Galense: un homenaje explícito a la impronta galesa que Owen y sus acompañantes llevaban grabada en el idioma, en sus cultos y en su manera de entender la vida comunitaria. Pero la identidad del lugar no se consolidaría solo desde esas raíces europeas: la joven colonia sería también fruto del encuentro con un territorio argentino en plena transformación.
El nombre Luis Beltrán —que finalmente adoptó la población— simboliza justamente esa fusión: la memoria del misionero franciscano que recorrió la región en tiempos fundacionales y la mirada moderna de Owen, que la transformó con mediciones, canales y planificación. Beltrán aportaba la historia; Owen, el porvenir.
Owen no solo delineó los canales de irrigación que harían fértil el valle beltranense; también organizó la distribución de tierras, definió los sectores de cultivo y orientó a los recién llegados en una experiencia agrícola distinta de la que conocían. Su liderazgo no era de discursos, sino de precisión técnica: allí donde colocaba una estaca, nacía un límite; donde trazaba una curva, surgía un camino.
En Choele Choel, Owen repitió lo que ya había hecho en Chubut, pero esta vez con una madurez distinta: sabía que una colonia no se funda solo con trabajo, sino también con comunidad. Por eso los galeses de Villa Galense adoptaron prácticas mixtas, combinando sus tradiciones con la vida fronteriza del territorio rionegrino. La huella de Owen fue, en ese sentido, integradora.
Si bien Edward Owen regresó al valle del Chubut donde murió en 1931, su relación con Luis Beltrán quedó grabada en la toponimia, en los regadíos iniciales del valle medio del río Negro y en la memoria de los descendientes que aún hablan de aquel “ingeniero galés” como quien señala un punto cardinal.
En la historia patagónica, Owen es pionero, agrimensor, político, constructor de molinos, dueño de barcos, padre de doce hijos. Pero en la historia de Luis Beltrán, es algo más íntimo: es el hombre que llegó con su gente, abrió la tierra, trazó las líneas del pueblo y ayudó a fundar un hogar donde antes solo había una isla prometedora y desierta.