2026-09-13

FARMEAR AURA

“No se trata de estar a favor o en contra”: la mirada de una psicoanalista sobre el fenómeno de farmear aura

En medio del furor que generó esta corriente, una profesional brindó su mirada sobre el tema. Plantea la palabra "ritual" para analizar este fenómeno que se popularizó entre los más jóvenes.

El fenómeno de “farmear aura” comenzó a ganar espacio entre adolescentes y jóvenes, primero en videojuegos y redes sociales y, más recientemente, en encuentros presenciales en plazas y otros espacios públicos.

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La práctica, basada en repetir gestos y movimientos frente a otros en busca de aprobación, abrió un debate: ¿es una nueva forma de socialización o simplemente otra expresión de la cultura de las pantallas?

Sobre el tema habló con NoticiasNet la psicoanalista Patricia Weigandt, quien además dirige la revista El Hormiguero Psicoanálisis, Infancias y Adolescencias. Lejos de plantear una mirada a favor o en contra, propuso detenerse a pensar qué expresa este fenómeno y qué lugar ocupa dentro de las formas actuales de vincularse.

Un fenómeno nuevo, pero no aislado

Para Weigandt, lo primero es evitar las definiciones apresuradas. “Este es un fenómeno que se presenta ahora, pero que en realidad no es el primero de este estilo. Las palabras a utilizar me parece que tienen que ser muy medidas y muy precisas, porque cada vez que aparece algún fenómeno nuevo intentamos tomar palabras que ya tenemos entre nosotros respecto de lo que puede ser el parentesco de ese fenómeno con otros que se han producido con anterioridad”, señaló.

Una de las palabras que aparece al intentar comprenderlo es “ritual”. Sin embargo, la especialista marcó inmediatamente sus límites. “Yo pensaba que en principio cabe ubicar que esto es algo en el orden de un ritual, ahí vamos a tener que utilizar la palabra ritual, con todas las salvedades posibles”, sostuvo. Y explicó que “los ritos tienen en realidad un libreto previo simbólico que hace el lugar del acto entorno de un universo simbólico un poco más amplio”.

Para ejemplificarlo, recurrió a los ritos religiosos: “Cuando se festeja un rito religioso es una puesta entorno de un guión que de alguna forma tiene que ver con el relato, los elementos simbólicos, escritos, de eso que ahí se intenta poner en escena”.

La diferencia, según su lectura, está en el contexto actual y en el peso que adquirió la imagen. “Las épocas que corren, no solamente para los jóvenes, nos encuentran como bastante pobres de elementos simbólicos y con un predominio importante de la pura imagen”, afirmó.

Y allí ubica uno de los puntos centrales del fenómeno: “De hecho, esta práctica que por lo que vos me estás preguntando aparece en principio en los videojuegos y en las redes sociales y se produce entorno de una serie de imágenes de jóvenes haciendo gestos que de alguna manera generan aprobación, más aprobación, menos aprobación en otros jóvenes que están conectados”.

 
Patricia Weigandt  es psicoanalista y actualmente dirige la revista El Hormiguero

De la pantalla a la plaza: la mirada del otro

Para la psicoanalista, una de las particularidades de “farmear aura” es que algo que comenzó vinculado con las pantallas y los videojuegos ahora aparece también en espacios públicos. “Hay otros elementos más de este estilo que ya son parte de los videojuegos en sí mismos que tienen una trama mayor”, explicó.

“El fenómeno nuevo, si se puede decir de alguna manera, es que esto salte a la pantalla y se traslade a los espacios públicos como plazas con un encuentro personal, material, concreto entre los jóvenes y sus cuerpos”, remarcó.

En esa escena hay un elemento que adquiere especial importancia: la mirada de los demás. “El elemento que predomina es el de la mirada y el de la espera de la aprobación del otro”, resumió.

Según Weigandt, esto obliga a preguntarse qué buscan quienes participan y qué lugar ocupa esa aprobación. “Tendríamos ahí que pensar cuáles son las expectativas alrededor de eso y cuál es el alcance que eso puede tener en esos adolescentes que participan de este fenómeno, de esta puesta en escena, de este rito”, planteó.

Al mismo tiempo, insistió en que términos como “puesta en escena” o “rito” deben utilizarse con cautela. “Yo digo estas palabras, puesta en escena, rito y demás, y tenemos que ser muy cautos porque son palabras que tienen mucho peso simbólico en prácticas como el teatro, las artes, y esto no es arte. Cuando digo no llega, también debo aclarar que tampoco tendríamos por qué tener la expectativa de que llegue a eso”, aclaró.

En su análisis aparece entonces una diferencia que considera significativa: el pasaje de una interacción mediada por una pantalla a un encuentro cara a cara. “La cosa es que se pueda, predominantemente, una mostración de una imagen a la espera que la mirada del otro devuelva una aprobación”, describió.

Encontrarse con otros y buscar aprobación, es parte del ritual. (Foto: Tania Domenicucci. ANR)

Allí encuentra uno de los aspectos que, paradójicamente, considera más interesantes del fenómeno: que los jóvenes se encuentren físicamente. “La diferencia con esto apareciendo en las redes es que se da en un encuentro más concreto entre los cuerpos de estos jóvenes de manera presencial”.

“Fíjate que decimos más concreto, y en realidad eso es, entre las personas que van conversando, tratando de hacer un análisis acerca de este tema, es el elemento que tiene mayor riqueza de esto. Porque algo así, con estas limitaciones, las limitaciones que tiene este tipo de encuentro y la expectativa sobre este tipo de encuentro, genera un encuentro presencial que por estas épocas no abunda”, remarcó.

Ni a favor ni en contra: pensar qué está pasando

El fenómeno también generó opiniones contrapuestas. Hay quienes lo cuestionan por considerarlo una expresión más de la cultura de las pantallas, mientras que otros destacan que permite que los jóvenes salgan de sus casas, dejen el celular por un momento y se encuentren al aire libre.

Sobre ese punto, dijo: “Yo no creo que podamos estar a favor o en contra de esto. Me parece que lo que es necesario es que hagamos una lectura de esto. Podemos hacer una lectura justamente en el marco de lo que es el horizonte de la subjetividad de esta época”.

“Una lectura de qué significa en este contexto de la subjetividad de esta época. Pero de ahí a estar a favor o en contra me parece que no es por ahí. Un par de elementos que no me quiero olvidar. Un elemento que está muy presente en este tipo de fenómeno es el tema de la repetición. Se repiten una serie de gestos”, indicó.

“Más mudos, menos mudos. La repetición de los gestos. Y la intensidad de esa repetición, el sostén de esa repetición en el tiempo, en esa puesta en marcha de este fenómeno, tiene una gran importancia”, agregó.

La pregunta que queda abierta es por qué esa repetición y esa búsqueda de aprobación adquieren tanta fuerza entre algunos adolescentes. Para Weigandt, una posible clave está en la necesidad de reconocerse en los pares.

“Me parece que lo que podemos pensar es que este es el modo en el que los adolescentes de esta época en nuestras latitudes, porque es una cosa que se está hablando mucho en muchos países de América, encuentran para reconocerse entre ellos y para alojarse a la manera de un espejo en sus pares”, explicó.

Y sumó: “En otras épocas, para este tipo de operatoria en un adolescente, había otras cuestiones. Los adolescentes se juntaban en pos de hacer teatro, militar ideológicamente y otras cuestiones. No olvidemos que hay jóvenes que continúan haciendo cosas que tienen un mayor peso simbólico”.

¿Qué significa ese “peso simbólico”? “Es un mayor nivel de elaboración y donde no está el predominio de la pura imagen y la aprobación o desaprobación del otro y nada más”.

Por eso, concluyó, el mapa de las juventudes actuales es mucho más amplio que este fenómeno puntual: “Sigue habiendo jóvenes que se reúnen para otras cosas, para hacer música, para discutir, para debatir, para leer, para hacer teatro, que no son estos jóvenes”.

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