09/09/2023

"Un tiempo raro"

"Un tiempo raro"
"Un tiempo raro"

Por Juan José Vázquez (*)Sur de la provincia de Buenos Aires, viaje de laburo, reunión de charlas y capacitaciones, pero eso es lo formal lo que significó el origen de la situación tan particular que les relato.Primavera ya entrada en días y los días que se hacen más largos. Una invitación a hacer una actividad habitual para alguno de los locales.“Che por qué no se quedan y vamos a cazar hoy a la tardecita y distendemos un poco, el Chueco pone la chata y tiramos uno tiros”“Para quedarnos hasta mañana, de mínima hay que hacer un churrasco esta noche” Dice el Dani y lo relojea a Ricardito.Ahí nomás se organizaron y al rato estaban camino al campo, para perdiciar, tratar de agarrar alguna martineta o algo silvestre que sirviera para tirar a la olla.Se divirtieron con las charlas que diferenciaban la destreza de los cazadores habituados y los visitantes de ocasión que con sus yerros parafraseaban excusas como que era imposible pegar un tiro con la mira torcida, que parecían rifles de feria para no sacar el premio, que las ráfagas de vientos desviaban los proyectiles y ocurrencias por el estilo para reírse mientras corría el tiempo, ese TIEMPO que se nos vuelve tan esencial cuando lo queremos demorar un poco para poder disfrutarlo en mayor dimensión y que se escurre tanto más rápido según sea la eficacia del entretenimiento.El sol empezaba a ocultarse en el horizonte y decidieron emprender el regreso con la producción escasa de la actividad vespertina, pero sin apuros. En el recorrido de regreso por la huella del vehículo un peludo al trote que recién arrancaba su ruedo nocturno, dos miradas cómplices alcanzaron para largarse de un salto desde la caja de la camioneta y desde los habitáculos al grito de “EL QUE LO ATRAPA TIENE PREMIO, EL QUE LO ATRAPA TIENE PREMIO” el peludo que asustado por el griterío y sabiendo que su virtud no es la velocidad final, ensayó sus mejores gambetas, mientras los cazadores trastabillaban y se raspaban con las malezas al mejor estilo de cualquier defensor que haya caído en los quiebres de cintura del Burrito Arnaldo Ariel Ortega.Además gritar, y correr tentado de risa tampoco colabora en la agilidad persecutoria.Un par de zambullidas poco exitosas y raspones menores fueron el resultado de no poder atrapar al legendario armadillo. El más baqueano dice “debe tener la cueva por acá nomás porque desapareció del mapa, igual que el Vasco en la jeteada que le dio a los yuyos” y todos estallaron de risa ininterrumpidamente.Al llegar a la casa para preparar el morfi, el Vasco se estaba lavando las manos y se da cuenta que le falta el reloj. “Uh la puta madre ese reloj era de mi abuelo” es que al volar tratando de atrapar al peludo evidentemente se le salió el reloj y no se dio cuenta.Un reloj que había pasado ya dos generaciones, de su abuelo a su padre y de su padre a él, era un reloj de calidad, pero más que nada tenía un inmenso valor sentimental. Son esas costumbres hereditarias que a veces son comunes en los pueblos. Y forman también parte de esa, a mi entender, mala costumbre de aferrarnos a algo material para recordar o intentar retener a las personas que ya no tenemos, o incluso de las que tenemos y no están cerca. En fin, de todas maneras esto era un obsequio un detalle muy afectivo que simbolizaba un legado que estaría presente cada vez que se quisiera conocer qué porción del día estaba transitando.El Vasco sabía bien que cada vez que quisiera saber la hora ya no sería lo mismo, que un dejo de angustia y opresión en su pecho le jugaría una mala pasada, como quitándole capacidad pulmonar a ese suspiro de saber que su muñeca izquierda ya nunca luciría igual de anhelada… Porque mirar las agujas eran más que saber el tiempo, era tener presente una vez más un inmenso puñado de momentos.Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.Al tiempo largo, luego de un par de meses la visita es a la inversa, por cuestiones de laburo el Vasco y el Chueco tienen que venir a Bahía y ni bien llegan pasan a saludar al Dani y Ricardito.Ricardo los mira y suelta “che Vasco ese no es el reloj que habías perdido?”“Callate, que la otra vez, hará un par de semanas de esto, andábamos porfiando con cazar por la misma zona y veo una liebre, hago seña de silencio a todos y nos quedamos quietos para ver cómo la sorprendía para que no se escape, era una tarde preciosa, serena, espectacular… Y entonces en ese majestuoso silencio escucho tic-tac, tic-tac, rodeo un pasto y veo el reflejo del sol en el vidrio, estaba tirado ahí donde habíamos andado peludeando podés creer, te juro que se me caían las lágrimas entre la emoción y la alegría, así que sí, acá está lo recuperé aunque parezca increíble, yo pensé que no lo encontraba más en la vida”.“Naaaaa pará pará Vasco, si ese reloj era de tu abuelo y vos ya sos un tipo grande, es más en algunos años ya vas a jubilarte, ese reloj indefectiblemente tiene que ser a cuerda, no hay manera que hayas escuchado el sonido de las agujas”“Mirá Ricardo, vos no me vas a creer pero hasta estaba en hora y todo”“Faaaaaa dejá de joder Vasco eso imposible no seas bolacero”“No en serio te digo, había quedado exactamente en la entrada de la cueva del peludo, te acordás que nos cagábamos de risa? Estaba la cueva y el rastro del animal; y bueno se ve que cada vez que entraba a la cueva le pasaba con la cola por encima y le daba cuerda”Historias imposibles de olvidar.Muchas gracias por ser parte.(*) Juan José Vazquez, Ing. Electricista, nacido en Choele Choel, actualmente reside en la ciudad de Bahía Blanca. Se autodefine como «un pibe de pueblo que pretende mantener siempre esa esencia». «Padre de familia, ex futbolista, amante del deporte y fanático de River».