ANÁLISIS

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03/02/2025

El garrote ideológico y la zanahoria económica

Milei los tiene donde quería, porque la construcción de la identidad libertaria se basa en la lógica antagónica del "nosotros" y "ellos".

Por Rodolfo Lasse Paniceres *

Milei los tiene donde quería

Uno de los efectos del discurso de Javier Milei en Davos ha sido simplificar el escenario político de manera estratégica. Ha agrupado en su contra a sectores que, en términos electorales, no comparten una agenda común, pero que encuentran en la oposición a sus dichos sobre el colectivo LGBT un punto de encuentro. Esta polarización, lejos de debilitarlo, fortalece su base ideológica: ordena a su tropa, le da identidad y refuerza la cohesión libertaria.

Mientras tanto, la reciente movilización masiva contra su gobierno carece de un eje articulador claro. Se trata de una expresión de descontento con múltiples significados, pero sin un liderazgo ni una estructura política que lo capitalice. Al igual que la marcha por la universidad pública, lo que vimos el fin de semana no golpea debajo de la línea de flotación del apoyo duro al oficialismo. Pensemos que en diciembre el presidente ya había recuperado su nivel de apoyo previo a la marcha universitaria producto de una inflación que esta debajo del 3%. En dos meses, este fervor pro libertades individuales habrá perdido intensidad, mientras que La Libertad Avanza (LLA) seguirá en su consolidación con un objetivo claro: victorias electorales en los distritos clave: CABA, PBA y Córdoba. Además, el desdoblamiento de elecciones en varias provincias sugiere que la ola violeta tiene condiciones estructurales para sostenerse, lo que refuerza el foco libertario en los distritos que definirán bancas en la Cámara Alta.

Paradójicamente, ningún otro espacio político logra sacar rédito de esta coyuntura. Incluso Cristina Fernández de Kirchner, figura central del kirchnerismo, parece renuente a abrazar por completo una agenda progresista. En parte porque ese ciclo político parece haber quedado atrás y, en parte, porque sus valores fundacionales no se alinean completamente con el progresismo identitario que hoy protagoniza la oposición callejera.
Milei los tiene donde quería, porque la construcción de la identidad libertaria se basa en la lógica antagónica del "nosotros" y "ellos", donde la otredad es esencial para delimitar y dar sentido a un grupo. Milei, en su discurso en Davos, aplicó esta lógica al construir un "ellos" que reúne sectores diversos bajo una oposición común a su mensaje, especialmente en temas de género y diversidad. Pone en valor una agenda inexistente en el mainstream ideológico que es la agenda Woke. Esta estrategia no solo simplifica el escenario político, sino que fortalece su identidad libertaria al consolidar un "nosotros" cohesionado. La polarización resultante refuerza su hegemonía discursiva, dándole orden y dirección a su base de apoyo.

El control del campo simbólico

Uno de los mayores éxitos de Milei no está en la economía, sino en el terreno de lo simbólico. Ha logrado imponer su propia jerarquía de valores y decidir qué términos dominarán el debate público. Actualmente, familia y propiedad ocupan el centro del discurso hegemónico, mientras que la patria, aún ausente en su relato, podría ser el próximo concepto a disputar. El nosotros constitutivo del que hablaba parte de un concepto de familia tradicional, el discurso de Davos es un parte aguas que generará una diáspora de sectores dentro de LLA que no comulgan con conceptos de integración familiar tradicionales. Inclusive dentro del espacio hay dirigentes que se muestran como una suerte de trawives. Esta batalla cultural no afectará el rendimiento electoral o la base de apoyo, en todo caso se reducirá a dos capas: una integrada por una minoría intensa, similar al del kirchnerismo de antaño y una segunda capa de voto antiperonista o de voto anti-coalición de la inflación.

En este escenario, los partidos tradicionales —el peronismo, la UCR y el PRO— buscan desesperadamente capturar un electorado progresista que está disperso a lo largo de todo el espectro ideológico, incluso dentro de LLA. La batalla cultural que Milei ha impuesto los deja en una posición defensiva, sin una narrativa clara para contrarrestar su hegemonía discursiva.

La economía como ancla del consenso

Sin embargo, el otro pilar de su estrategia es más pragmático y responde a la regla de oro de la política según James Carville: la economía. La estabilidad económica que Milei ha logrado hasta ahora es suficiente para que una parte importante de la población tolere su discurso provocador sobre el colectivo LGBT y otros sectores.

La historia argentina demuestra que, cuando la economía crece, la sociedad está dispuesta a tolerar declaraciones que, en otro contexto, generarían mayor rechazo. No es casualidad: en su último año de crecimiento durante la presidencia de CFK, hasta los sectores progresistas toleraron que afirmara en la apertura de sesiones que los docentes trabajan apenas cuatro horas al día. En ese momento la ecuación: altos salarios y precios bajos pesaron más que cualquier disputa cultural o ideológica.

El garrote ideológico y la zanahoria económica son una estrategia recurrente en la política argentina. Mientras Milei controla el campo simbólico con su discurso, la economía se convierte en el factor que legitima su gestión ante amplios sectores de la sociedad.

Conclusión: La incomodidad como herramienta política

El propósito de este análisis no es ofrecer certezas complacientes, sino generar incomodidad. Si al leerlo se ha encontrado revisando sus propias convicciones o rechazando cada una de mis palabras por estar fuera de su sesgo de confirmación, entonces el objetivo se ha cumplido. Porque, en política, como en la vida, la capacidad de reconocer el otro lado del espejo es la clave para entender lo que realmente está ocurriendo.

 

* Licenciado en Ciencias Políticas, especialista en Comunicación y Marketing Político y director de la consultora rionegrina Estudio Par Consultores.