07/09/2025

La obra salesiana en Luis Beltrán: la historia del Padre Aceto Giovanni

Misionero salesiano, arquitecto y visionario, lideró la construcción del colegio y la iglesia del Sagrado Corazón.
La gran obra salesiana. Foto: Municipalidad de Luis Beltrán
La gran obra salesiana. Foto: Municipalidad de Luis Beltrán

El padre Pedro Juan Aceto Giovanni (1853–1931), misionero salesiano, arquitecto y pintor, dejó una huella profunda en el Valle Medio de Río Negro. A comienzos del siglo XX, la Isla Grande de Choele Choel era un punto estratégico tras la Campaña del Desierto. Por decreto del 3 de noviembre de 1879, el gobierno nacional destinó esas tierras “para pueblos, colonia y campamentos”. Más tarde, un nuevo decreto del 25 de enero de 1892 definió la zona como colonia agrícola-pastoril, lo que abrió paso a los primeros proyectos de asentamiento.

En 1903, Aceto instaló la casa salesiana en Choele Choel, y seis años después la Orden recibió en donación las chacras 1 y 8 del lote V, que pasarían a ser la base de la futura obra en Luis Beltrán. El traslado definitivo de la misión ocurrió en 1917, cuando el agrimensor Schieroni delineó el trazado urbano del pueblo.

Las obras más emblemáticas comenzaron en 1923, con la construcción del Colegio y Templo Sagrado Corazón de Jesús. El edificio combinaba funciones educativas, religiosas y productivas: en torno al colegio se levantaron viñedos, olivares y una bodega que daría origen al vino “Patagonia”, utilizado también en la formación de jóvenes enólogos.

La iglesia, iniciada ese mismo año, fue concebida en planta basilical: una nave central más alta, flanqueada por dos laterales bajas, con fachada de estilo neorrenacentista italiano. Se utilizaron estructuras de hierro, mampostería de ladrillo cerámico y cubiertas de chapa galvanizada. En el atrio, una inscripción grabada resume la memoria de esa obra: “1879–1939”, fechas que marcan la llegada de los salesianos a la región y la inauguración final del templo.

Los planos originales, elaborados por Aceto y conservados en copias de ferroprusiato en el Archivo Histórico Salesiano de Bahía Blanca, muestran la impronta arquitectónica que la congregación buscaba imprimir en estas tierras. Durante la década de 1930, el avance de los trabajos fue lento. Tras la partida de Aceto, la dirección pasó a Benigno Champclaux y, más tarde, al padre Domingo Anselmo, quien en 1935 retomó la construcción. Finalmente, en 1939, el templo fue inaugurado gracias al aporte del Ferrocarril del Sud.

Parte del claustro quedó inconcluso, como lo registran fotografías de 1942 conservadas en el mismo archivo. Sin embargo, la iglesia y la bodega se consolidaron como símbolos del poblamiento salesiano en el Valle Medio. Hasta hoy, se conserva la bóveda de ladrillo con la fecha de 1923 en relieve, testimonio material de una época en que fe, educación y agricultura se integraban en un mismo proyecto de colonización.


Fuentes: Archivo Histórico Salesiano (Bahía Blanca), Comisión Nacional de Museos y Monumentos, Catastro del Municipio de Luis Beltrán (Plano de mensura 109/84), Dumrauf (1998), Fulvi (1980).