HISTORIAS DEL VALLE MEDIO

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21/09/2025

El abuelo del Indio Solari tuvo un hotel en Choele Choel: dónde estaba

El Indio Solari difundió su vínculo con Río Colorado y Choele Choele en su libro Recuerdos que mienten un poco.
El Indio Solari
El Indio Solari

En su libro autobiográfico Recuerdos que mienten un poco, publicado en 2019, el Indio Solari recorre diversos episodios de su vida y familia, otorgando un lugar destacado a las localidades de Río Colorado y Choele Choel. En uno de los pasajes más emotivos y pintorescos, narra cómo su madre fue criada en el sur argentino por una familia amiga, en el único hotel del lugar.

“Mi vieja era hija de un vasco francés medio vagoneta, bailarín, que la dejó en el sur: en Río Colorado, a cargo de unos conocidos —dueños del único hotel del lugar— que se convirtieron en sus padrinos y, eventualmente, en mis abuelos postizos. La gente que vivía por entonces en el sur era como Davy Crockett: hacía vida de frontera”, recuerda Solari en el libro.

A través de relatos propios y grabaciones que él mismo hizo a sus padres, Solari reconstruye la historia de su madre, Celina Estelita Choy, y su abuelo José Alberto “Chicha” Choy. El origen familiar se remonta al Cantón de Moulins, en los Bajos Pirineos (Francia), donde una rama vasca se mezcló con otra familia proveniente de las inmediaciones de Bayona.

Sobre el nombre de su madre, cuenta con humor: “A mi vieja le pusieron Celina Estelita. Se ve que el escriba del Registro Civil preguntó cómo le iban a poner y dijeron Estelita, porque la verían minúscula, y el tipo anotó eso literalmente. Le quedó el diminutivo hasta los 100 años”.

En otro pasaje del libro, la madre del músico rememora la época en que vivía en Río Colorado, bajo el cuidado de sus padrinos. “Mi padre quedó viudo muy joven, tendría 22 o 23 años. Como no tenía a nadie acá —toda su familia estaba en Francia— me dejó con los padrinos, a quienes conocía y frecuentaba. Recuerdo despertar por primera vez en su casa y ver una luz blanca que me impresionó. Era gas de carburo, la iluminación que generaban con una máquina para todo el hotel. Pensá que hablo de una época en la cual la luz del pueblo dependía de los serenos que encendían las farolas al caer el sol”.

Las memorias de “Chicha” también retratan la vida cotidiana en un pueblo pequeño del sur: “La diversión de los adultos era reunirse los sábados y hacer garufas con las gallinas de los vecinos. ¡Se las robaban entre ellos!”, cuenta. Una vez, luego de un robo masivo de gallinas, la madre de Celina encontró al gallo con una cajita de fósforos atada a una pata que decía: ‘Desde las doce de la noche que estoy viudito’.

Lo que comenzó como bromas entre vecinos terminó en tragedia. Una noche, robaron un lechón a un italiano que denunció el hecho. Uno del grupo fue detenido y condenado, con traslado previsto a la cárcel de Viedma. La situación se tornó dramática cuando la esposa de uno de los implicados intentó huir con él. El marido la descubrió escapando con una valija y, tras una violenta discusión, la mujer intentó apuñalarlo. El hombre se defendió… y terminó asesinándola de veinte puñaladas.

“Me acuerdo cuando velaron a la mujer. Los chicos del colegio estudiábamos el cuerpo de lejos y decíamos: ‘Mirá, ahí hay una mancha de sangre…’ e imaginábamos que se le veían las puñaladas”.

Otra memoria potente que aparece en el libro es la de una gran crecida que afectó al valle del río Negro.

“Mi papá llegó a caballo y le dijo a mi padrino: ‘Mirá, Graciano, que viene un agua muy grande. Levantá campamento o me llevo a la nena’. Alcanzamos a llegar a la estación de tren, pero el convoy no pudo seguir. El agua le cortó el paso. Vivimos un mes y medio o dos arriba de los vagones. Veíamos caballos nadando, animales flotando sobre fardos de pasto, un hombre llagado que trajo la corriente… Estuvimos dos días sin comer, hasta que cazaron un cerdo nadador. ¡Usábamos como inodoros las latas de metal de las galletitas!”.

El hotel en Choele Choel

En otro capítulo del libro, la madre del Indio recuerda que su padre adoptivo, Graciano Alzueta, adquirió un hotel en Choele Choel.

“Este hotel no tenía cine, pero igual recibía compañías de teatro todos los años. Me acuerdo de Olinda Bozán. A veces se escapaban sin pagar, cuando la temporada no iba bien. También me acuerdo de Narcisín Ibáñez Menta, que era un niño prodigio por entonces. Yo era muy artista también, me aprendía todos los cuplés… Un día me disfracé con mosquiteros y canté El relicario. Cuando terminé, me sorprendió un aplauso. Eran los artistas de una de esas compañías, que me habían estado espiando y le pidieron permiso a mi papá para que cantara en la matiné del domingo”.

Efectivamente, Graciano Alzueta fue propietario del histórico Argentino Hotel de Choele Choel, ubicado en la intersección de Av. San Martín y Perito Moreno. Según registros del Museo Histórico Regional, un aviso publicado en el Semanario El Mentor N° 1 (2 de febrero de 1922) anunciaba que el hotel contaba con iluminación eléctrica en todas las habitaciones. También se documenta la realización de espectáculos artísticos a los que asistían vecinos y autoridades locales.

“Cuando nos fuimos a vivir a Choele Choel, yo ya tendría unos 4 años. Era un pueblito, ocho o nueve casas de un lado y otro tanto del otro. La calle principal era un arenal, el Ford no podía pasar; solo pasaban el Buick y el Hispano Suizo que tenía la estanciera de la zona. Otra estancia estaba en manos del coronel Belisle, que quizás la heredó de la Campaña del Desierto. Bah: ‘heredó’… (ríe)”.

Finalmente, el Indio rememora una visita a Río Colorado tras la muerte de su “abuelo” postizo: “Acompañé a mi vieja. Empecé a ir al bar del tren, pensá que era un viaje de 18 o 20 horas y yo tenía apenas 16 o 17 años… Llegué en pedo. Nos recibieron como si nos hubiésemos ido ayer. Gente que yo no había visto nunca. Y mamá pidiendo disculpas. ‘Es un viaje largo, sí, entendemos…’. Todo el mundo a favor. No recuerdo gran cosa. Debo haber seguido en pedo todo el tiempo”.