De Luis Beltrán a estar junto al Papa León XIV: la emotiva historia de Lautaro Muñoz, el abogado que eligió ser sacerdote

Tiene 35 años, creció en el Colegio Salesiano de Luis Beltrán, se recibió de abogado y, cuando parecía tener su futuro encaminado, descubrió una vocación que transformó su vida. Hoy se prepara para ser sacerdote, acompaña a personas en situación de vulnerabilidad en Buenos Aires y fue elegido para asistir en el altar durante una de las misas que celebrará el Papa León XIV en Argentina.


Lautaro Muñoz, de 35 años y oriundo de Luis Beltrán, es abogado y se encuentra en la etapa final de su formación sacerdotal en Buenos Aires. Fue seleccionado para asistir en el altar durante la misa que el Papa León XIV tiene prevista celebrar en Palermo.
Lautaro Muñoz, de 35 años y oriundo de Luis Beltrán, es abogado y se encuentra en la etapa final de su formación sacerdotal en Buenos Aires. Fue seleccionado para asistir en el altar durante la misa que el Papa León XIV tiene prevista celebrar en Palermo.

Por Agustín García

Hay noticias que trascienden a sus protagonistas y se convierten en motivo de alegría para toda una comunidad. Historias que comienzan en un pueblo, recorren caminos inesperados y terminan regalando momentos que alguna vez parecieron imposibles de imaginar.

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Una de esas historias tiene como protagonista a Lautaro Muñoz, un joven de 35 años oriundo de Luis Beltrán, que está transitando los últimos años de su formación sacerdotal en Buenos Aires y que recibió una noticia que difícilmente olvidará: fue seleccionado para asistir en el servicio del altar durante la misa que el Papa León XIV tiene prevista celebrar en Palermo, en el marco de su visita a la Argentina.

La celebración está programada para el lunes 9 de noviembre, a las 11:30 horas, en el Monumento a los Españoles, uno de los acontecimientos centrales de la visita apostólica del pontífice.

Para Lautaro, que lleva años preparándose para dedicar su vida al sacerdocio, la posibilidad de estar a pocos pasos del Papa representa mucho más que una experiencia extraordinaria. Es también una oportunidad para mirar hacia atrás y reconocer a todas las personas, instituciones y comunidades que lo acompañaron desde aquel niño que crecía en los patios del Colegio Salesiano de Luis Beltrán.

En una entrevista con 7 en Punto, Lautaro abrió las puertas de su historia personal, habló de su familia, de los sacrificios que implicó dejar su pueblo, de su vocación de servicio y de la felicidad que encontró acompañando a quienes atraviesan situaciones difíciles.

Una invitación inesperada que le hizo temblar las piernas

La noticia llegó de manera sorpresiva, a través de un mensaje de uno de sus formadores religiosos.

Le comunicaron que había sido designado para colaborar en el servicio del altar durante la misa que presidirá León XIV en Buenos Aires y que debía asistir a una reunión preparatoria en la Catedral Metropolitana.

Al principio, Lautaro no terminaba de comprender lo que estaba leyendo. No imaginaba que, entre tantas personas involucradas en la organización de una celebración de semejante magnitud, él pudiera ser uno de los elegidos.

"No lo podía creer. Porque uno no se imagina que le va a tocar a uno", recordó durante la entrevista.

Cuando finalmente tomó dimensión de lo que estaba por vivir, la emoción se mezcló con los nervios y la responsabilidad.

"Solo imaginarme que lo tenés ahí al ladito al Papa es una sensación de nervios, de temblor en las piernas", contó.

La primera persona con la que quiso compartir la noticia fue su mamá Marcela, que vive en Luis Beltrán. Le envió un audio para contarle lo que acababa de suceder.

Después comenzaron a llegar los mensajes de familiares, amigos y conocidos que se enteraban de la novedad desde su pueblo.

Y allí apareció una emoción que Lautaro no había dimensionado.

Acostumbrado al ritmo de Buenos Aires, donde vive desde hace varios años, volvió a experimentar algo que reconoce como propio de las comunidades pequeñas: la alegría compartida por los logros de alguien que creció entre sus vecinos.

"Cuando empecé a recibir mensajitos y audios dije: qué genial, porque no había dimensionado que otros también se alegraran conmigo por esta noticia", expresó.

Para él, la invitación tiene un significado profundamente espiritual.

"Es una experiencia que voy a llevar guardada en mi corazón para siempre. Lo veo como un gran regalo que me hace la Iglesia, poder estar cerquita del Papa ayudándolo en una de las misas más importantes que va a presidir en nuestro país", manifestó.

Sus raíces: una infancia y adolescencia marcadas por el Colegio Salesiano

Para comprender el presente de Lautaro hay que regresar a Luis Beltrán, a su familia y, especialmente, al Colegio Salesiano Sagrado Corazón de Jesús, institución en la que cursó sus estudios primarios y secundarios.

Allí transcurrió buena parte de su infancia y adolescencia, y también comenzó a construir una manera de mirar el mundo que, muchos años después, terminaría influyendo decisivamente en su vocación.

Es el mayor de seis hermanos, cinco varones y una mujer, y recuerda con enorme cariño aquellos años compartidos con su familia, sus compañeros y la comunidad educativa.

Cuando durante la entrevista surgió el recuerdo del colegio, la emoción fue inmediata.

"Me emociona porque me hiciste acordar del colegio, que es una de las etapas más lindas de mi adolescencia", confesó.

Su participación no se limitaba a las actividades escolares. Desde muy joven comenzó a involucrarse en las propuestas pastorales de la institución, particularmente en el Oratorio de Don Bosco, un espacio de encuentro, acompañamiento y contención para niños, adolescentes y jóvenes.

Aquellas actividades, que comenzaron en el patio del colegio, también se extendieron hacia distintos sectores de la localidad, entre ellos el barrio Rodolfo Walsh.

En esos espacios, Lautaro empezó a descubrir el valor de acompañar a otras personas, especialmente a quienes necesitaban contención, oportunidades o simplemente alguien dispuesto a escucharlos.

"Yo vengo de esa escuela, de esa formación pastoral, de esos espacios", recordó.

Lo que entonces parecía una experiencia más de su juventud terminaría convirtiéndose en una de las bases de su futura elección de vida.

El abogado que trabajó para poder estudiar

Después de egresar del secundario en 2009, Lautaro decidió continuar sus estudios universitarios.

Se inscribió en la carrera de Abogacía de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Comahue, donde finalmente obtuvo su título en 2018.

Pero llegar a ese objetivo no fue sencillo.

Durante sus años de formación universitaria, trabajó en diferentes empleos para poder sostener económicamente sus estudios.

Pasó por la empresa Vía Bariloche, se desempeñó como cadete en un estudio contable, trabajó como secretario en un estudio jurídico y también como preceptor en el Colegio Salesiano de Luis Beltrán.

Su recorrido laboral incluyó además experiencias en el Cuerpo de Investigación Judicial de Río Negro y en un Centro de Acceso a la Justicia.

Cada uno de esos trabajos formó parte de un esfuerzo personal para alcanzar una meta que había elegido: convertirse en abogado.

Durante aquella etapa también comenzó a acercarse a realidades sociales complejas.

Visitaba cárceles y centros comunitarios, donde participaba en actividades de asesoramiento jurídico destinadas a personas que tenían dificultades para acceder a la Justicia.

Sin saberlo, estaba descubriendo algo que luego sería fundamental en su camino.

Una sensibilidad especial por las personas que sufrían, por quienes estaban excluidos y por aquellos que necesitaban acompañamiento.

Cuando parecía tener la vida resuelta, apareció otro llamado

Después de recibirse, Lautaro vivió y trabajó en Bariloche. Más adelante regresó a Luis Beltrán con la intención de ejercer su profesión, reencontrarse con su familia y construir allí su futuro.

Había conseguido lo que tanto esfuerzo le había costado: un título universitario, una profesión y la posibilidad de volver a su lugar de origen.

Sin embargo, en medio de aquella etapa comenzó a experimentar una inquietud que no lograba explicar del todo.

Había retomado su participación en las actividades pastorales del Colegio Salesiano y del oratorio del barrio Rodolfo Walsh.

Fue allí donde empezó a sentir que su camino podía ser diferente.

"Empecé a sentir con mucha fuerza que Dios me estaba invitando a algo más. Algo más de lo que venía haciendo", relató.

La situación le generaba incertidumbre.

No estaba buscando cambiar de vida. Por el contrario, sentía que finalmente había alcanzado aquello que siempre había querido.

"Yo no tenía en mi cabeza planeado esto. Había logrado lo que tanto quería, que era terminar de estudiar, volver a mi pueblo, estar de vuelta con mi familia", recordó.

Primero conversó sobre lo que le estaba sucediendo con Jorge, quien se desempeñaba como vicedirector del colegio salesiano.

Una de las posibilidades que surgió fue realizar un voluntariado religioso. Lautaro comenzó a prepararse para esa experiencia mientras continuaba trabajando.

Pero con el paso del tiempo comprendió que aquella inquietud era más profunda.

"Sentía que se me estaba haciendo una invitación a dar un paso más grande", explicó.

Finalmente decidió ingresar al seminario para comenzar su formación sacerdotal.

Lo hizo con dudas, temores y sin certezas absolutas, pero también con la convicción de que necesitaba descubrir si ese era realmente su camino.

"Entré como para probar, para ver si era lo mío y no quedarme con el qué hubiera pasado", contó.

Y fue justamente durante ese proceso cuando comenzó a encontrar las respuestas.

"Cuanto más avanzaba en la formación religiosa, cuanto más me iba entregando a los demás, iba descubriendo que era más feliz. Entonces cada vez me decía: bueno, es por acá".

Una vocación que lo llevó a acompañar a quienes más lo necesitan

El camino hacia el sacerdocio llevó a Lautaro por distintas comunidades y ciudades.

Pasó por Bahía Blanca, el conurbano bonaerense y finalmente la Ciudad de Buenos Aires, donde actualmente estudia Teología y continúa su preparación religiosa.

Durante esos años tuvo experiencias pastorales en cárceles, hogares de adultos mayores, hospitales y barrios populares.

Actualmente desarrolla parte de su tarea en Villa Soldati, en el sur de la Ciudad de Buenos Aires, donde acompaña distintas actividades comunitarias y pastorales.

Uno de los ámbitos que más lo movilizan es el trabajo con jóvenes que atraviesan situaciones de consumo problemático.

Desde hace varios años participa en espacios vinculados con la pastoral de adicciones y los Hogares de Cristo, dispositivos comunitarios que brindan acompañamiento integral a personas que enfrentan estas problemáticas.

Allí, en contacto cotidiano con historias de vida atravesadas por dificultades, Lautaro encuentra una conexión directa con aquellas enseñanzas que recibió durante su adolescencia en Luis Beltrán.

"Soy exalumno salesiano y siento que Don Bosco me regaló este carisma, y lo traigo hoy a estos lugares que trascienden las fronteras", reflexionó.

Su trabajo también implica acompañar a niños, adolescentes y familias que viven en contextos de vulnerabilidad.

Y en esas experiencias encontró una manera de comprender el sacerdocio que va mucho más allá de las celebraciones religiosas.

"Poder ser un poco pastor, padre, hermano, amigo... eso me hace muy feliz", expresó.

Su título de abogado también forma parte de su misión

Aunque decidió orientar su vida hacia el sacerdocio, Lautaro nunca quiso dejar atrás su formación universitaria.

Por el contrario, descubrió que la Abogacía podía convertirse en una herramienta para ayudar a otras personas.

"Cuando entré al seminario dije: yo no quiero dejar en la puerta mi título de abogado. Me costó tanto esfuerzo estudiar y conseguirlo que es algo que viene conmigo", recordó.

Con el tiempo comprobó que ambas vocaciones podían complementarse.

En las comunidades donde realiza su tarea pastoral suele encontrarse con personas que desconocen sus derechos o tienen enormes dificultades para acceder a asesoramiento jurídico.

Si bien su situación actual de formación religiosa no le permite ejercer como representante legal, sí puede orientar, acompañar y ayudar a identificar los caminos disponibles para resolver determinados problemas.

De esa manera, aquello que había estudiado durante tantos años sigue teniendo un lugar importante en su vida.

"Puedo poner al servicio mi profesión. Puedo ser el Lautaro abogado que soñé, en esta realidad que me toca hoy", explicó.

Para él, la vocación religiosa no significó abandonar su historia anterior, sino encontrar una nueva manera de poner todo lo aprendido al servicio de los demás.

Cómo es prepararse para ser sacerdote: años de estudio, oración y trabajo comunitario

A diferencia de lo que muchas personas pueden imaginar, la formación sacerdotal comprende un extenso proceso académico, espiritual y pastoral.

Lautaro explicó que, dependiendo de cada caso, la preparación puede extenderse durante aproximadamente nueve años.

En su caso, actualmente se encuentra en la etapa final y calcula que le restan dos años y medio para llegar a la ordenación sacerdotal.

La formación incluye estudios de Filosofía y Teología, con una licenciatura de seis años, además de experiencias pastorales en diferentes comunidades.

Actualmente vive en el Seminario Metropolitano de Buenos Aires, ubicado junto a la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina.

Su rutina comienza muy temprano.

Habitualmente se levanta entre las 5:30 y las 5:45 de la mañana para dedicar los primeros momentos del día a la oración personal.

Luego comparte la oración comunitaria con sus compañeros y, a las 8:30, comienza sus clases universitarias, que se extienden hasta aproximadamente las 13 horas.

Por la tarde combina actividades físicas, estudio, reuniones formativas y tareas pastorales.

A las 19:30 participa de la misa comunitaria y posteriormente comparte la cena con sus compañeros.

Los fines de semana tienen una dinámica diferente.

Desde el viernes hasta el domingo por la noche permanece en la comunidad de Villa Soldati, donde participa de las actividades de la parroquia y acompaña las necesidades del barrio.

Los miércoles, además, colabora en una iniciativa solidaria que se desarrolla en Plaza Constitución.

Junto a integrantes de la comunidad parroquial preparan cuatro grandes ollas de comida, que luego trasladan hasta la plaza para ofrecer una cena a personas que viven en situación de calle.

Una tarea que, para Lautaro, resume buena parte del sentido de su vocación: estar presente allí donde alguien necesita ayuda.

La distancia de Luis Beltrán y una familia que se multiplicó

Uno de los aspectos más difíciles de su decisión fue alejarse de su familia.

Lautaro es muy unido a sus padres y hermanos, y reconoce que durante los primeros años de formación religiosa la distancia fue un desafío importante.

No se trataba solamente de extrañar su casa o las calles de Luis Beltrán.

También aparecía la sensación de perderse cumpleaños, celebraciones familiares y momentos importantes de la vida de sus seres queridos.

"Al principio me costó mucho. Sentía que me iba perdiendo cumpleaños, fiestas, momentos especiales o acompañar en momentos de dificultad, y estaba lejos", recordó.

En algunas oportunidades, esa situación incluso lo llevó a preguntarse si había tomado la decisión correcta.

Sin embargo, con el tiempo comenzó a vivir una experiencia que modificó su manera de entender la distancia.

En cada ciudad, barrio y comunidad donde estuvo, fue encontrando personas que lo recibieron con afecto y que terminaron convirtiéndose en una nueva familia.

"En cada lugar donde estaba aparecían personas que se convertían en mis mamás, en mis papás, en mis hermanos, en mis abuelos y en mis abuelas", expresó.

Esa experiencia le permitió comprender que su vocación no implicaba dejar de pertenecer a su familia de origen, sino ampliar los vínculos y el afecto hacia otras personas.

Aunque sigue extrañando, intenta regresar a Luis Beltrán cada vez que sus responsabilidades se lo permiten.

Y mantiene intacto el cariño por su pueblo, sus padres, sus cinco hermanos y las personas que formaron parte de su crecimiento.

Los preparativos para estar junto al Papa: emoción, ensayos y una preocupación muy particular

Mientras continúa con sus estudios y actividades pastorales, Lautaro se prepara para una experiencia que seguramente marcará su vida.

La posibilidad de asistir durante la misa del Papa León XIV implica una importante responsabilidad litúrgica.

Por ese motivo, ya comenzó a participar de reuniones organizativas en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, junto a otros seminaristas y responsables de la ceremonia.

En los próximos días tendrá ensayos específicos para conocer los movimientos, tiempos y tareas que deberá cumplir durante la celebración.

También está previsto un ensayo general en el sector del Monumento a los Españoles, donde se realizará la misa.

La preparación contempla tanto aspectos prácticos como espirituales, ya que Lautaro considera fundamental vivir este acontecimiento con responsabilidad, pero también con un profundo sentido religioso.

En medio de tanta emoción, incluso encuentra espacio para el humor.

Durante una conversación con sus compañeros, reconoció que tiene una preocupación muy particular para el momento en que deba acercarse al pontífice.

"Una sola cosa tengo que hacer cuando me acerque al Papa: no le tengo que pisar la sotana", contó entre risas.

Detrás de esa anécdota aparece la dimensión humana de un joven que, pese a llevar años participando de celebraciones religiosas, todavía se sorprende ante la posibilidad de estar tan cerca de una de las figuras más importantes de la Iglesia Católica.

El sueño de regresar a su pueblo para celebrar su primera misa

La experiencia que se aproxima será inolvidable, pero Lautaro tiene otro sueño que guarda desde hace tiempo y que lo conecta directamente con sus raíces.

Un deseo que no está relacionado con grandes ceremonias ni multitudes, sino con regresar al lugar donde comenzó su historia.

Cuando complete su formación y llegue el momento de ordenarse sacerdote, quiere que su primera misa sea en Luis Beltrán, en el templo del Colegio Salesiano Sagrado Corazón de Jesús.

El mismo colegio donde fue alumno, donde compartió su infancia y adolescencia, donde participó del oratorio y donde comenzó a descubrir su sensibilidad por los demás.

"Mi sueño es, el día de mañana, una vez siendo cura, dar mi primera misa en el templo del colegio salesiano del que fui exalumno", expresó.

Y agregó: "Así que en unos años más, si Dios quiere y lo permite, podría llegar a estar dando mi primera misa allá, con toda la comunidad".

La imagen tiene un significado especial.

Aquel niño que creció en los patios del colegio, que después estudió Abogacía, trabajó para sostener sus estudios y recorrió diferentes lugares buscando su vocación, sueña con regresar convertido en sacerdote para compartir ese momento con las personas que lo vieron crecer.

Una historia que también pertenece a Luis Beltrán

En los próximos días, Lautaro seguirá preparándose para la misa del Papa, entre reuniones, ensayos, clases y actividades comunitarias.

Pero detrás de esa experiencia extraordinaria hay una historia mucho más extensa.

La de un joven que trabajó para estudiar, que alcanzó el título universitario que soñaba, que se animó a cambiar de rumbo cuando sintió que su vida podía tener otro propósito y que encontró felicidad acompañando a quienes más lo necesitan.

Una historia que habla de fe, pero también de esfuerzo, sensibilidad, solidaridad, familia y compromiso con los demás.

Lautaro reconoce que cada experiencia de su formación le permitió confirmar que había elegido el camino que lo hace feliz.

Y aunque hoy su vida transcurre lejos de Luis Beltrán, sabe que una parte importante de todo lo que es nació allí.

Quizás por eso, cuando recibió la noticia de que estaría junto al Papa, lo primero que hizo fue contárselo a su mamá.

Y quizás también por eso la alegría comenzó a multiplicarse entre familiares, amigos y vecinos de su pueblo.

Porque hay logros que, aunque tengan un protagonista, se sienten un poquito de todos.

Y mientras Lautaro se prepara para vivir uno de los momentos más importantes de su formación religiosa, conserva intacto un sueño mucho más cercano a sus raíces: volver a casa, entrar al templo del colegio que lo vio crecer y celebrar allí su primera misa, rodeado de su familia y de su comunidad.