2023-06-17

Lecturas y lectores: "Angelical" por Aida Arias

Por: Aida Arias (*)

Aparece en el huerto, como siempre, apelmazado a mi espalda desnuda... Eso me da escalofríos: su piel de pegatina, su aliento adormecido. "Si cada ángel se pareciera a vos...", pienso, y no se lo digo. Cuelgo de mi hombro su mochila, como a cada oportunidad en que me busca. Si llega, es porque está en problemas serios. Si pudiera resolverlos en otro lado, no llegaría hasta aquí; sabe que siempre le cobro altísimos precios por ayudarlo. Sus alas están húmedas y huelen a perro callejero. Me pesa su abrazo y me hastía su moquear persistente, por eso lo acompaño hasta la casilla que me hace de dormitorio y lo tiro entre los trapos de la cama. No se mueve más. Retorno a mis tareas. Despellejo terrones y acompaso el agua en las pequeñas acequias, me ocupo de hormigas y otros insectos, acomodo los brotes tiernos que pudieran ser avasallados por el sol. A cada momento miro hacia el ventanuco de la casilla; sé que no va a dar señales de vida hasta que se le pase la borrachera. No necesito preguntarle de dónde viene: todos sus reductos son resabios del infierno. Cuando reaparece, entiendo por qué siempre logra convencerme: trae su inocente sonrisa angelical, ladeada, y en sus manos un ramo de mis mejores rosas. No importa, entonces, que a la noche ocupe toda mi cama, ni que ronque feroz, ni que sus pies sostengan el tufo de diez inviernos. Salgo de la cama, acomodo los leños de la estufa y apretujo las mantas alrededor de su cuello. Sigue siendo el niño más solo de todos... y yo, su único lugar menos oscuro. Aida Arias (*) Escritora Profesora de Historia Trabajó en el CEAER (Centro de Especialización en Asuntos Económicos Regionales y en el ESRN Nº 47

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