2026-08-30

HISTORIAS QUE INSPIRAN

Del vértigo al renacer: María Eugenia Llorente presentó su libro en Luis Beltrán

La vecina de Luis Beltrán, primera argentina en trabajar en la Fórmula 1, presentó este sábado su libro Del vértigo al renacer en la Biblioteca Popular “Pablo Pizzurno”. Ante familiares, amigos y vecinos, recorrió distintos momentos de su vida: la decisión de emigrar, su experiencia profesional en Inglaterra, los desafíos personales que atravesó y el camino que encontró en el arte para volver a encontrarse consigo misma.

Hay historias que parecen imposibles de resumir en un solo libro. La de María Eugenia Llorente es una de ellas.

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Vecina de Luis Beltrán, licenciada en Ciencias de la Computación y primera argentina en trabajar en la Fórmula 1, Eugenia decidió transformar buena parte de sus experiencias de vida en palabras y este sábado presentó oficialmente Del vértigo al renacer, su primer libro, en la Biblioteca Popular “Pablo Pizzurno” de la localidad.

La presentación fue mucho más que la exposición de una obra literaria. Fue, en buena medida, un recorrido por su propia vida. Frente a familiares, amigos, antiguos compañeros de estudio, docentes y vecinos, la autora leyó fragmentos de distintos capítulos y respondió preguntas que permitieron conocer las experiencias que dieron origen al libro.

Estaba sentada hace un año y medio en el banco de la plaza, justo enfrente de la zapatería Real, donde siempre, cuando estábamos en la secundaria, nos sentábamos con un grupo de amigos a tomar mate”, recordó Eugenia al explicar cómo surgió la idea.

Desde aquel lugar tan ligado a sus recuerdos, comenzó a mirar hacia atrás y tomó conciencia de todo lo que había vivido.

Vi que mi vida pasó así, como un relámpago. ¡Cuántas cosas me habían pasado!”, contó.

También apareció otra motivación: la memoria. Con el paso del tiempo, algunas experiencias comenzaban a quedar atrás y aquellas historias que durante años había contado una y otra vez ya no eran tan frecuentes.

Entonces decidió escribir.

Primero pensó hacerlo para ella misma, como una manera de conservar sus recuerdos. Pero después entendió que esas experiencias podían ser compartidas.

Así nació Del vértigo al renacer.

DEJARLO TODO Y ANIMARSE A EMPEZAR DE NUEVO

Uno de los primeros capítulos del libro relata una decisión que cambiaría su vida: abandonar Argentina junto a quien entonces era su pareja y compañero de ruta para buscar nuevas oportunidades en el exterior.

Era comienzos de los años 2000. Ambos eran profesionales, pero el contexto argentino era cada vez más incierto.

Teníamos más por aprender, por descubrir. El corazón pedía movimiento y aunque no sabíamos bien hacia dónde íbamos, sabíamos que no queríamos quedarnos quietos”, recordó.

El primer destino fue Vancouver, Canadá, donde llegaron con la intención de estudiar inglés y abrirse camino profesionalmente.

Pero emigrar significó mucho más que cambiar de país.

Fue aprender otro idioma, comprender otras costumbres, adaptarse a códigos sociales diferentes y comenzar prácticamente desde cero.

Eugenia recordó incluso una situación que hoy puede contar con humor: su primer encuentro con una mujer japonesa, a quien intentó saludar con un beso, como acostumbraba hacerlo en Argentina.

La mujer retrocedió.

Ahí entendí que había llegado a otro planeta. Que mis formas, mis costumbres, mis códigos no eran universales”, relató.

Aquel episodio se convirtió en uno de sus primeros aprendizajes sobre la importancia de comprender que cada sociedad tiene sus propias formas de relacionarse.

Pero el camino no terminó en Canadá.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 modificaron el escenario internacional y también las posibilidades migratorias que tenían. Entonces apareció un nuevo destino: Inglaterra.

Y allí llegaría uno de los capítulos más singulares de su historia.

DEL INGLÉS A LA FÓRMULA 1

Eugenia consiguió trabajo en Jaguar Racing, dentro del mundo de la Fórmula 1.

El contraste entre aquella joven que había llegado al exterior con un inglés todavía limitado y el ambiente altamente especializado de una escudería de Fórmula 1 fue enorme.

Entré por primera vez a Jaguar Racing con una mezcla de adrenalina, incredulidad y felicidad”, recordó.

Su formación como licenciada en Ciencias de la Computación le permitió incorporarse al área vinculada con la aerodinámica y participar en el desarrollo de un sistema informático destinado a seguir el proceso de diseño, producción y pruebas de diferentes componentes de los monoplazas.

Pero su primer día estuvo lejos de ser sencillo.

Fue enviada a una reunión con el equipo de aerodinámica y prácticamente no entendió nada.

El problema fue que no entendí casi nada. La jerga era altísima, términos técnicos de Fórmula 1, partes del auto, conceptos avanzados de aerodinámica, en inglés intermedio”, relató.

De aquella reunión solamente pudo anotar una cosa: la fecha.

Tiempo después descubrió que su jefe la había enviado deliberadamente a esa reunión.

Quería que se enfrentara al idioma y al contexto técnico real.

Y funcionó.

A partir de allí comenzó un proceso de aprendizaje que la llevó a desenvolverse dentro de uno de los ambientes más exigentes del deporte mundial.

Pero detrás del reconocimiento profesional había otra historia que, con el tiempo, comenzó a hacerse cada vez más fuerte.

CUANDO EL ÉXITO NO ALCANZA

Por fuera mi vida era impecable: trabajo en la Fórmula 1, reconocimiento, estabilidad. Por dentro una grieta empezaba a crecer”, leyó durante la presentación.

Esa frase resume buena parte del espíritu de Del vértigo al renacer.

Porque el libro no habla únicamente de cumplir sueños profesionales. También habla de aquello que ocurre cuando algunos deseos profundamente personales no se concretan.

Eugenia contó que durante muchos años tuvo un fuerte deseo de ser madre y atravesó un largo proceso de tratamientos y posteriormente distintas alternativas de adopción.

Una de esas experiencias la llevó incluso a regresar a Argentina desde Inglaterra. El proceso terminó siendo extremadamente doloroso y marcó un punto de quiebre.

Ese sueño que ya se había roto muchas veces se volvió a romper. Y esta vez entendimos que era un momento de parar”, expresó.

Fue entonces cuando comprendió que ya no estaba en condiciones de regresar al ritmo vertiginoso de la Fórmula 1.

Decidió renunciar.

No fue una decisión sencilla.

Después vino el regreso a Argentina, la adaptación nuevamente a las costumbres del país, la reorganización de la vida y, posteriormente, otros cambios personales importantes.

La mujer que había aprendido a moverse a 200 kilómetros por hora tuvo que aprender otra cosa: a detenerse.

EL ARTE COMO UNA NUEVA FORMA DE ENCONTRARSE

Después de atravesar distintas etapas personales, apareció una pregunta que terminó siendo determinante: qué actividad le permitía desconectarse de todo lo demás.

La respuesta fue sencilla: pintar.

Eugenia contó que desde chica había sentido interés por el dibujo y que comenzó realizando garabatos, una práctica que posteriormente incorporó a su búsqueda artística.

Lo que comenzó casi como una herramienta para atravesar una etapa difícil terminó convirtiéndose en una nueva profesión.

Desde hace doce años desarrolla su actividad artística y también trabaja vinculada con la arteterapia, utilizando el dibujo y otras expresiones para ayudar a canalizar emociones.

Su obra incluye técnicas y materiales diversos, desde el doodle y la acuarela hasta trabajos realizados con elementos reciclados.

En 2025 realizó su primera exposición individual, Desatar, con 35 obras de gran formato, en el British Arts Center.

Su producción también la llevó a colaborar en proyectos vinculados con la Embajada Británica y a desarrollar piezas gráficas y otros trabajos relacionados con el arte.

“HAY QUE APRENDER A ESCUCHARNOS”

Durante la presentación, Eugenia dejó varias reflexiones que atraviesan el espíritu de su libro.

Una de ellas tiene que ver con la necesidad de dejar de buscar permanentemente la felicidad en aquello que sucede afuera.

Estamos buscando nuestra felicidad afuera y en realidad uno tiene que estar bien consigo mismo. Cuesta, pero hay que hacer el ejercicio porque viene de adentro hacia afuera”, sostuvo.

También habló de la importancia de comprender que cada persona observa la vida desde una realidad diferente.

Para Eugenia, buena parte de ese aprendizaje llegó después de atravesar momentos difíciles y comenzar a trabajar sobre sus propias emociones.

Y destacó que esa capacidad también puede entrenarse.

Ahora que hay tanta neurociencia, se entrena. Hay que entrenarlo, es como un músculo”, explicó.

DEL VÉRTIGO AL RENACER

El título del libro terminó convirtiéndose en una síntesis de todo ese recorrido.

El vértigo representa aquella etapa en la que todo sucedía a gran velocidad: emigrar, aprender idiomas, cambiar de país, adaptarse, conseguir trabajo, ingresar a la Fórmula 1 y perseguir objetivos profesionales y personales.

El renacer aparece después.

Cuando toca frenar.

Cuando algunos sueños no se cumplen.

Cuando hay que aceptar que la vida no siempre sigue el camino que uno había imaginado.

Y cuando aparece la posibilidad de reinventarse.

Todos tenemos posibilidades de renacer”, afirmó Eugenia hacia el final de la presentación.

Su historia comenzó en Luis Beltrán, continuó por Canadá e Inglaterra, pasó por la Fórmula 1 y atravesó algunos de los momentos más difíciles de su vida. Hoy vuelve a tener un vínculo profundo con aquel lugar de origen, mientras construye una nueva etapa alrededor del arte, la pintura y la búsqueda personal.

Del vértigo al renacer no pretende ser solamente el relato de una mujer que llegó a trabajar en la Fórmula 1.

Es, sobre todo, la historia de alguien que aprendió que el éxito no siempre está en llegar más lejos, sino también en saber cuándo detenerse, escucharse y volver a empezar.

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