29/07/2023

Lecturas y lectores: "Gabás y la muñeca" por Aida Arias

Lecturas y lectores: "Gabás y la muñeca" por Aida Arias
Lecturas y lectores: "Gabás y la muñeca" por Aida Arias

Atravesó el patio, mirando las telarañas que habían tomado por asalto todos los rincones altos. Se desperezó como un gato aterido por el otoño, encaminándose hasta la puerta oeste, que temblaba bajo el viento frío.“Si hubiera espacio, plantaría un olivo justo aquí”, se prometió por enésima vez al pasar junto al viejo brocal. Amaba las aceitunas negras pasadas de sal, a pesar de que le hacían mucho mal a su presión disparada por los años.Disgustado por su mal dormir, intentó amansar las arrugas de su frente cerrando los ojos bajo el sol. Pero su cabeza no paraba un instante; entonces volvió al salón con sus alfombras y almohadones.No preguntó la hora ni quiso desayunar, pero imaginó que faltaba mucho para el mediodía y mordisqueó una manzana verde, ácida y fatal. Acomodó como pudo la atormentada espalda en su sillón favorito, se repantigó contra los almohadones esponjados, tosió unas flemas raras.Cuando se quedó dormido, el cuerpo se le hizo de agua, favorable al viento ágil, lleno de luz.Pensó en la tumba de sus padres y hacia allá voló, queriendo detenerse en cada curva del camino. Se dejó estrechar la mano por todos los viejos amigos que le salían al paso, y finalmente se apoyó en la puerta de entrada al cementerio, jadeando como un perro cansado.Se arrodilló frente a la tumba más pequeña, la de la izquierda, y apoyó la piedra que siempre recogía antes de ingresar. Evitó las lágrimas, dispersó algún suspiro, se dedicó a retocar las malas hierbas que pugnaban por crecer, desbancando a las buenas.“¿Estaré en coma?”, se preguntó. El pulso acelerado desestimó esa idea.Se sumergió en el agua bendita con ahínco, musitando la oración preferida de su madre. Se abrazó a la posibilidad de estar despierto y vivo, madre, vivo, gracias a tu maravillosa magia…La muñeca de ojos grises pareció sonreír. Gabás acarició su mejilla de plástico; acarició también su cabello reluciente. Volvió a evitar las lágrimas.Al costado derecho, la tumba de su padre esperaba su limpieza. Regó las malas hierbas, apoyó la piedra de costumbre, volvió a dispersar suspiros y se marchó, un tanto más aliviado.Cuando ya iba a cerrar la puerta, la muñeca se coló rápida y eficaz. Si no la hubiera acariciado un momento antes, Gabás hubiera jurado que era de mentiras.Volvió a quedarse dormido (el cuerpo hecho agua, puro viento, lleno de luz) y la muñeca se arrodilló a su lado, quietecita como una gaviota al sol.Choele Choel - Agosto de 2016(*) Escritora, profesora de Historia; trabajó en el CEAER (Centro de Especialización en Asuntos Económicos Regionales y en el ESRN Nº 47