MCCARTNEY EN RÍO: RETRATO DE UNA PASIÓN

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19/12/2023

Paul, el hechicero de las pociones perfectas

Cerró la gira Got Back en Río de Janeiro con un concierto de tres horas inolvidables. Una semblanza especial para 7 en Punto.
Paul, el hechicero de las pociones perfectas
Paul, el hechicero de las pociones perfectas

Tres días antes del show, en el aeropuerto de Ezeiza se empezaba a sentir una atmósfera especial alrededor de los vuelos a Río de Janeiro. ¿Cuántos argentinos iban al concierto de Paul McCartney? Difícil saberlo. Aunque sucedieron algunas pistas. 

Cuando se empezó a armar la fila de personas para embarcar al avión, un hombre interrumpe la  ordinaria postal predominante en ese momento compuesta de gente con diálogos breves y miradas imantadas a la pantalla. Caminaba apurado. Seguramente imaginó que llegaba tarde. 

Inmediatamente llamó la atención porque estaba vestido con el atuendo colorido que imita al utilizado por The Beatles en la creación artística de Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band de 1967. El hombre buscaba con su mirada a alguien más, mientras se acomodaba el saco largo y de color azul esplendoroso. Finalmente llegan, a paso ligero, sus dos hijos que también visten la ropa pertinente -de distintos colores- para completar el cuadro perfecto. 

La gente espera que Paul salga del hotel
La gente espera que Paul salga del hotel

Cerca de las 15 horas del sábado, un buen puñado de personas se acercó al Hotel Copacabana Palace para esperar la salida de Paul McCartney que debía dirigirse al estadio para la prueba de sonido. El show comenzaba a las 21. Varias personas de seguridad con el ceño fruncido porque debían lidiar con el movimiento normal del hotel -ingresos, salidas- y el remolino de gente queriendo acercarse a la estrella. 

Una valla de seguridad contenía a los fanáticos. Las miradas de ilusión iban acompañadas de la pregunta que se repetía: “¿ya sale?”, con los teléfonos celulares bien arriba para no perder el momento único. Todos vestidos para la ocasión, con remeras que reflejaban al Paul Beatle, al Paul Wings, al Paul de los conciertos. 

Finalmente cerca de las 16 sale McCartney del hotel. Consciente de la emanación amorosa del público, saluda y sonríe. Avanza hacia el auto negro, pero se detiene antes de ingresar. Se para sobre el piso del vehículo para volver a saludar sobre el techo y disfruta. El público grita con desesperación. Finalmente se retira, lo acompaña su hija Mary -siempre sonriente- que registra el momento con su teléfono. 

Paul McCartney lució el poder abrumador de su música en el Maracaná. El sábado cerró su última fecha de la gira Got Back en Río de Janeiro. 

El músico que ahuyenta el paso del tiempo con el sonido de su bajo Hoffner, con 81 años, hizo un repaso por su extensa y dorada carrera. Comenzó con Can’t Buy me love, el tema embebido en las espesas mieles de la beatlemanía para que el estadio rugiera. 

Como era de esperar, las emociones del público fueron zamarreadas. Una muestra que permitió tener una prueba de la dimensión del hombre que cantaba sobre el iluminado escenario era verlo al gran Gilberto Gil, hipnotizado, cantando sus canciones.

Una señora que supera los 70 y una adolescente feliz lloran juntas y por el mismo motivo. 

Gilberto Gil
Gilberto Gil en el concierto

En el concierto, McCartney tuvo la oportunidad de homenajear a George Harrison cuando interpretó Something que según el propio Frank Sinatra “es la mejor canción de amor jamás escrita” y fue compuesta por el talentoso guitarrista. Y también a John Lennon, a quién le dedicó Here Today, un tema en forma de diálogo que compuso luego del asesinato de su amigo en 1980. Paul suele quebrarse. Esta vez pudo sortear el desafío. 

Tuvo otro momento con Lennon. “Esta canción es especial porque la voy a cantar con John”, dice frente a un público en estado de ebullición constante. Y entonces empieza a sonar I’ve Got a Feeling, tema que ambos interpretaron en el famoso concierto de la azotea en 1969. Gracias al aporte técnico del director Peter Jackson, Paul y John vuelven a compartir escenario gracias a las imágenes y la perfecta voz recuperada de John del video original. Es un momento altamente conmovedor. 

Paul cantó Ob-La-Di-Ob-La-Da (White Album, 1968) y todo el público del Maracaná lució globos de colores. Para hacerlo aún más espectacular, encendieron las luces de sus teléfonos y los colores fueron brillantes. Una fiesta perfecta. 

También hubo una participación muy activa del público durante Hey Jude. En el momento más conocido de la canción, todos -sí, todos- levantaron un cartel blanco con “Na na” que fue entregado en el ingreso. El estadio se vistió de blanco y letras negras. Hey Jude fue compuesto por Paul en 1968 cuando John y su primera esposa, Cynthia Powel se divorciaron. Macca sintió la necesidad de consolar al hijo de la pareja, Julian, con una canción de aliento. Para agregarle un significado aún mayor, Julian cumplió años el día del concierto en Río. 

El final dejó dejó la promesa de un regreso y el sabor feliz de tres horas de un concierto brillante. 

El hotel Copacabana Palace ya no es el mismo. El domingo recuperó el silencio en su ingreso. Ya no están las vallas. Solo se escucha el movimiento que sucede en la playa, a pocos metros.

Paul McCartney consigue provocar algo nada menor con su música: momentos de inmensa felicidad. El sábado en el Maracaná se sintió, una vez más, ese fenómeno abrasador. Fueron tantas, pero tantas, personas abriendo su pecho para entregarle confiados el corazón. Y él devolvió como lo hace siempre, con más música hechizada por generosas porciones de alegría y amor.