07/02/2026

INTA prueba “parches verdes” en chacras del Alto Valle para atraer insectos benéficos

Dejar sectores con flores y vegetación, dentro o cerca de los montes frutales, podría ayudar a mejorar la polinización y el control natural de plagas.
Los resultados preliminares mostraron una alta presencia de polinizadores, como abejas e insectos nativos, en los "parches". Foto: ANRoca.
Los resultados preliminares mostraron una alta presencia de polinizadores, como abejas e insectos nativos, en los "parches". Foto: ANRoca.

¿Y si, en lugar de limpiar todo el terreno, se dejan pequeños espacios con plantas y flores dentro de las chacras? Esa es la idea detrás de los llamados “parches biológicos”, una estrategia que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) del Alto Valle estudia como una herramienta para mejorar la biodiversidad y el funcionamiento de los sistemas frutícolas de la región.

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Los parches biológicos son sectores de vegetación espontánea o implantada —es decir, lugares donde crecen yuyos, flores o plantas sembradas a propósito— que se mantienen dentro o en los bordes de los cultivos. No son grandes reservas ni campos aparte, sino pequeñas “islas verdes” en medio del monte frutal.

Según explicaron desde el organismo a la agencia ANRoca, estos espacios pueden cumplir un rol clave: atraer insectos benéficos, como polinizadores y enemigos naturales de plagas, que ayudan a que el sistema productivo sea más equilibrado y resistente.

El estudio se realizó en la chacra experimental del INTA Alto Valle, en Allen, donde se analizaron cuatro parches biológicos distintos, con diferentes tipos de vegetación, tamaños y ubicaciones. Durante el verano 2024-2025 se relevaron tanto las plantas presentes como los artrópodos —insectos y organismos similares— que habitan esos sectores.

Los resultados preliminares mostraron una alta presencia de polinizadores, como abejas e insectos nativos, y también de insectos depredadores que ayudan a controlar plagas. En algunos parches se detectaron especies consideradas perjudiciales para los cultivos, pero los investigadores aclararon que su presencia no es negativa en sí misma: esos insectos también cumplen un rol al atraer a sus depredadores naturales.

Desde el INTA señalaron que el objetivo no es reemplazar prácticas productivas ni eliminar el uso de insumos, sino pensar diseños de chacra más diversos, que aprovechen los servicios que brinda la naturaleza. “La biodiversidad aporta funciones clave como la polinización y el control biológico, y puede mejorar la sustentabilidad del sistema frutícola”, explicaron.

Si bien se trata de estudios preliminares, los investigadores remarcaron que los parches biológicos podrían convertirse en una herramienta de bajo costo para los productores del Alto Valle, ya que no requieren grandes superficies ni inversiones, y pueden integrarse al manejo habitual de las chacras.

El trabajo continuará con nuevas evaluaciones para determinar si los insectos benéficos que se concentran en estos parches también se trasladan a los montes frutales y cuál es su impacto real en la producción.