Bariloche, Malvinas y un museo por el que ya pasaron más de 50 mil personas

Los veteranos de guerra generaron un espacio que, además de su importancia por el valor testimonial, atrae a visitantes argentinos y extranjeros.

1 julio, 2026

Turistas tomándose fotos sobre la "proa" del Belgrano, en la nueva postal de Bariloche, con el Mirage detrás. Foto: Facundo Pardo.
Turistas tomándose fotos sobre la "proa" del Belgrano, en la nueva postal de Bariloche, con el Mirage detrás. Foto: Facundo Pardo.

Difícilmente, cuando soñó —hasta el punto de empecinarse— con levantar en un lugar específico de Bariloche un edificio centrado en la soberanía argentina en el sur, con el eje en Malvinas, el titular de la Dirección Provincial de Veteranos, Ruben Pablos, haya imaginado que ese espacio, una vez convertido en realidad, se transformaría en una atracción turística. En la actualidad, sentado en la oficina interna del Museo Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, inaugurado el 6 de septiembre de 2025, él mismo señala: “Este lugar es ahora parte del circuito turístico urbano de la ciudad”.

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Desde su apertura, pasaron —hasta el conteo registrado a fines de mayo de este año— 51679 personas. De esa cifra, 6193 llegaron desde el exterior.

Con la "proa" del Belgrano mirando hacia el agua. Foto: Eugenia Neme.

“Los visitantes, tanto nacionales como extranjeros, destacan el lugar donde está emplazado, porque es un sitio maravilloso de Bariloche, con la naturaleza, el entorno y la ubicación frente al Centro Cívico, y también remarcan que es un lugar con un guion museístico que remite a una historia de más quinientos años, es decir, no sólo se habla de la guerra”, dice Pablos, añadiendo: “Por todo eso, lo catalogan como único, afirman que no existe algo similar”. Y apunta: “Nos sorprende la atención que ponen. Si bien la gente, en la actualidad, está acostumbrada a dejarse llevar por lo visual, las personas se detienen a leer cada placa”. En tal sentido, el director de Veteranos de Río Negro comenta: “Se interesan por la temática, con el enfoque que nosotros le damos, refiriéndonos a soberanía, recursos naturales, visión geopolítica estratégica, con la educación como centro”.

La Virgen de Luján, compañera de los soldados en Malvinas. Foto: Facundo Pardo.

Tal como destaca Pablos, lo expuesto no delinea sólo el conflicto bélico de 1982, porque hay registros que tienen que ver son otras cuestiones, pero los elementos que refieren al tema suelen cautivar a los visitantes.

Un lugar que llega al alma de los argentinos y cautiva a los extranjeros. Foto: Facundo Pardo.

Se trata de objetos que definen aquella época, con la forma en que los medios de comunicación trataban la cuestión, así como municiones e instrumentos usados durante la guerra, y también, entre otras muchas cosas, cartas que convocan a las lágrimas. Asimismo, aparecen expresiones culturales posteriores, que registraron, de diversa manera, los hechos acaecidos en el Atlántico Sur. Por ejemplo, se ve el vinilo Reina madre, de Raúl Porchetto, con el tema homónimo, aparecido en 1983, donde el cantante se ponía en la piel de un soldado británico que cuestionaba: “¿Por qué estoy luchando? ¿Por qué estoy matando?”.

En el museo pueden verse los elementos más diversos. Foto: Facundo Pardo.

Luego, claro, está el exterior, con el Memorial Héroes de Malvinas y los nombres de los 649 fallecidos durante el conflicto. Ese rincón obliga a un momento de recogimiento.

Memorial, a 1557 kilómetros de Malvinas. Foto: Eugenia Neme.

Más allá de la carga emocional, el lugar en su totalidad respira una energía positiva, y tiene la cualidad de resultar atractivo desde su mismo diseño. Desde el formato edilicio recordando el crucero ARA General Belgrano, con la posibilidad de mirar hacia el horizonte desde la “proa”, hasta el formato de plazoleta en el sector “bajo”, con un pequeño espejo de agua “bañando” la base del “barco”, todo invita a pasear por el lugar, detenerse, sentarse, observar el paisaje…

"Proa" del Museo Malvinas, Antártida y Atlántico Sur. Foto: Facundo Pardo.

Además, la cercanía de la playa en verano es un atractivo ya no sólo desde lo visual, porque actúa como bálsamo cuando el termómetro sube.

Asimismo, el sector externo incluye, a manera de esquirlas bélicas que atravesaron el tiempo, elementos que se usaron en Malvinas, como, por ejemplo, un cañón.

El avión, emblema del museo. Foto: Eugenia Neme.

Y levantando su vuelo eterno sobre el lago Nahuel Huapi, con la “nariz” en dirección a las islas, está el avión Mirage, que ya pasó a ser parte de la postal de la costa barilochense.

La presencia del museo le dio una nueva impronta a ese rincón de Bariloche. Foto: Eugenia Neme.

Hay que destacar que la insistencia de Pablos por levantar el museo en ese sitio específico tuvo que ver con la similitud que él y sus compañeros encuentran entre ese espacio y el paisaje malvinense. Pero, más allá de eso, al estar ubicado allí, se generó un sendero de tránsito obligado para el turista, que va desde el Puerto San Carlos, pasando por las letras gigantes con el nombre de la ciudad —donde todos los que vienen a la localidad paran para hacerse una foto— hasta el restaurante Costa 82, cedido en comodato por el Municipio de Bariloche a los veteranos con el fin de que los ingresos sirvan para colaborar al mantenimiento del museo, que, precisamente, es el centro de este recorrido turístico que el mismo edificio generó a partir de su presencia.

Costa 82, un restaurante con sabor malvinense. Foto: Facundo Pardo.

Al hablar de las personas que pasan por el lugar, el director del museo, Carlos Bariggi, manifiesta: “Me sorprende el público latinoamericano, porque está muy comprometido con la causa Malvinas, lo que se nota mucho en el libro de firmas, donde dejan registrado su apoyo”.

En el museo, si bien no sólo se apunta a eso, muchos elementos remiten a la guerra de 1982. Foto: Facundo Pardo.

Entre las visitas de gente de países sudamericanos, han llegado militares chilenos que felicitaron a los excombatientes argentinos, llegando al punto de que incluso uno de ellos les pidió disculpas por el modo de actuar de su gobierno durante la guerra, cuando colaboró con Gran Bretaña.

En un costado, una bandera peruana donada al museo. Foto: Facundo Pardo.

También hubo personal retirado peruano, que donó una bandera de su país que permanece en el museo. Cabe recordar que, a la inversa de lo que sucedió con Chile, Perú, durante el conflicto, ayudó armamentísticamente a la Argentina.

En cuanto a los turistas que provienen de lugares como Estados Unidos o países europeos, Bariggi indica: “En general, muestran una mirada condescendiente, o al menos se interesan. Con los españoles, por ejemplo, sucede mucho que dicen que es una historia que no conocían, o bien que tenían otras versiones del tema”.

Las letras gigantes que forman el nombre de la ciudad también son parte del sendero turístico que rodea al museo. Foto: Eugenia Neme.

Sobre los visitantes argentinos, en tanto, Ruben Pablos remarca: “La gran mayoría se emociona mucho cuando viene, en especial las mujeres, que se van con los ojos llenos de lágrimas”.

Es normal que los veteranos estén presentes en el lugar, por lo que ellos mismos acompañan a quienes se acercan a conocerlo, explicándoles diversos detalles. Al respecto, el coordinador audiovisual y digital del museo, Ezequiel Fernández, remarca: “Este no es un sitio de momias, sino que está vivo, porque la historia se encuentra viva y los veteranos están presentes, y eso no es algo común, ya que, en general, no se puede hablar con los protagonistas que dan base a un museo”.

El Puerto San Carlos, de alguna manera, el inicio del sendero que los visitantes transitan, con el restaurante Costa 82 en el otro extremo y el museo en medio, como centro de la escena. Foto: Facundo Pardo.

Para Ezequiel, el lugar “es el nuevo emblema de Bariloche, una posibilidad turística importante”. Ruben Pablos coincide con él y cuenta: “Cuando todavía no habíamos inaugurado, diversos referentes turísticos de la ciudad nos decían que esto se iba a convertir en algo único en la Patagonia, y ahora eso se está reflejando en el interés que provoca en la gente”.

“Y recién estamos empezando con la propuesta en la parte externa del museo; aún faltan muchas cosas”, dice Pablos. Y, en ese punto, vuelve a intervenir Ezequiel Fernández, detallando: “La proyección a futuro involucra una gran aplicación de tecnología, que incluirá una sala inmersiva afuera, con la reconstrucción de un módulo de la base Orcadas, con realidad aumentada. También habrá audioguías multilingües, que se obtendrán a partir de códigos QR, para llegar a todos los turistas más allá del idioma. Además, desde lo digital, los contenidos del museo pueden ampliarse infinitamente”.

El interés de los visitantes es total. Foto: Facundo Pardo

DÓNDE Y CUÁNDO

El Museo Malvinas, Antártida y Atlántico Sur está ubicado en Juan Manuel de Rosas 155 y puede visitarse todos los días de 10 a 18.

Un llamado a la nostalgia pero con la vista en el futuro. Foto: Facundo Pardo.