CET 13 de Choele Choel: producción regional con innovación y formación técnica

Con una orientación única en Río Negro, el CET 13 de Choele Choel promueve el agregado de valor a las materias primas del Valle Medio a través de su Planta Piloto, donde los estudiantes elaboran alimentos, realizan prácticas profesionalizantes y desarrollan nuevos productos, como la innovadora harina de manzana.


La educación técnica se convierte en motor de innovación y desarrollo local
Crédito: Gobierno de Río Negro
La educación técnica se convierte en motor de innovación y desarrollo local Crédito: Gobierno de Río Negro

Durante la última visita del Gobernador, Alberto Weretilneck a Choele Choel, estudiantes del CET le obsequiaron una caja con productos elaborados en la planta, como muestra del trabajo que desarrollan cotidianamente.

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Ubicada en el predio escolar, la Planta Piloto permite que las y los estudiantes transformen materias primas regionales en productos elaborados, incorporen conocimientos técnicos y adquieran experiencia práctica para su futuro laboral.

Actualmente, la planta se encuentra en plena actividad con la elaboración de embutidos, como bondiolas de cerdo, y una amplia variedad de alimentos deshidratados, entre ellos manzanas, papas, mandarinas, kiwi, limón, cebolla y verduras para sopa. Cada producción responde a una premisa central: aprovechar al máximo los recursos disponibles, reducir el desperdicio y generar valor agregado a partir de la producción regional.

Uno de los proyectos más novedosos es el desarrollo de harina de manzana, una iniciativa que se lleva adelante en conjunto con la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN). Este nuevo producto representa una oportunidad para diversificar los usos de una de las principales frutas de la provincia. Además, la propuesta cuenta con la aprobación del Ministerio de Salud para su incorporación al Código Alimentario Argentino, un paso fundamental para su reconocimiento como alimento apto para el consumo.

La profesora Florencia Cayolo explicó el proceso: "El orujo y parte un poco de la pulpa que es lo que se desecha, lo que hacemos es deshidratarlo y una vez que eso está deshidratado los chicos realizan una molienda. De esa molienda lo que se hace es una harina" señaló

La Planta Piloto constituye, además, un espacio esencial para las prácticas profesionalizantes de los estudiantes de los últimos años de la especialidad. Allí, la formación teórica se integra con los procesos reales de elaboración, envasado y control de calidad. En las mismas instalaciones se realizan los análisis correspondientes, de acuerdo con las normativas vigentes, para garantizar la seguridad de los alimentos producidos.

El proyecto también genera un impacto directo en la comunidad. Los productos elaborados por los estudiantes se comercializan en la región a precios accesibles y los ingresos se reinvierten en la institución, tanto para adquirir nuevos insumos como para financiar viajes de estudio. De esta manera, la escuela sostiene un modelo que articula aprendizaje, producción y sustentabilidad.

La experiencia del CET demuestra cómo la educación técnica puede convertirse en un motor de innovación y desarrollo local. Con una especialidad que distingue a la institución en toda la provincia, sus estudiantes no solo aprenden a elaborar alimentos, sino que también exploran nuevas posibilidades para la producción regional y construyen herramientas para su futuro profesional.

Cayolo destacó la importancia de la planta piloto para la escuela: "Representa llevar todo el aprendizaje que hay en el aula a lo real, una planta piloto es sumamente importante porque los chicos ponen en práctica lo que va a ser el día de mañana lo más cercano al trabajo pero bien desde el punto de vista profesional como técnicos", concluyó.