30/11/2025

Mujeres en la producción de cerezas: Eliana tiene 54 y asegura que "es un esfuerzo duro, pero nos hace salir adelante"

Nació en Río Colorado. Trabajó primero en Exprofrut y hace 16 años se mudó a Chimpay para sumarse a las tareas en las chacras cubiertas de cerezas. "Fui, aprendí y me gustó", contó.
El trabajo de las mujeres es siempre elogiado por su dedicación y prolijidad.
El trabajo de las mujeres es siempre elogiado por su dedicación y prolijidad.

Eliana del Sol tiene 54 años y hace 16 trabaja en las chacras que se tiñen de rojo cada temporada en Chimpay. La producción de cerezas es protagonista del desarrollo económico de la región y para que eso suceda, hay familias que aportan su trabajo para complir con el ambicioso objetivo todos los años. 

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A sus 54 años, nacida y criada en Río Colorado pero residente desde hace 31 años en Chimpay, Eliana es parte de la identidad laboral del lugar: mujeres que enfrentan las variaciones del clima durante largas jornadas para que la fruta llegue a destino.

Cuenta que la jornada de trabajo en la temporada comienza a las 6 y finaliza a las 14 horas. Fuera del tiempo de cosecha, cuando se realizan tareas de mantenimiento, de 8 a 16.30. "Afrontamos viento, lluvia, sol. Siempre estamos para todo tipo de trabajo", dice con orgullo.

Eliana tiene una relación de aprecio con la empresa que la contrató

Su rutina en la empresa Extraberries incluye poda, armado de plantas jóvenes, cuidados para que cada árbol llegue firme a la temporada y hasta el conteo de cerezas por planta, un paso clave para estimar la producción. También conoce de cerca el riesgo de las heladas que ponen en jaque al cultivo, aunque aclara que “ese trabajo lo hacen los hombres”, debido al manejo del riego por aspersión y equipos específicos.

Antes de llegar a la cereza de Chimpay, trabajó con la uva en Expofrut, la histórica empresa que se radicó en Lamarque y lideró durante décadas la exportación de fruta y que dejó de operar en 2019. Cuando en Chimpay surgió la posibilidad de incorporarse a la producción de cerezas, no lo dudó: "Fui, aprendí y me gustó. Ahí quedé", recuerda. La decisión también estuvo impulsada porque en la localidad vivía el padre de su pareja Alfredo, lo que terminó de acercarla a esta nueva vida.

En la descripción que hace Eliana sobre el trabajo en las chacras, se repite la idea de dedicación y esfuerzo: "Es muy sacrificado el trabajo. Pasamos mucho frío en las heladas y también nos exponemos mucho al sol. Lo hacemos para ayudar en la casa."

En Chimpay se producen 14 variedades de cerezas que se exportan

Habla también de sus compañeras, algunas jefas de hogar, que pasan buena parte del día lejos de sus hijos. "Es un sacrificio bastante duro, pero es una manera de salir adelante. Además hay que cuidarse para no accidentarte. Lo más duro es dejar a tus chicos tantas horas", señala.

Esa doble carga —la laboral y la familiar— es parte del desafío de ser mujer en un sector históricamente asociado a la fuerza física y al trabajo masculino. Pero en Chimpay, la presencia femenina ya es indispensable. 

En cuanto a los ingresos, explica que una mujer contratada para la cosecha —si trabaja los 24 días del mes— puede cobrar alrededor de 900.000 pesos, y que quienes son efectivas “ganan un poco más”. En la empresa trabajan entre 8 y 9 mujeres durante el año entre temporales y efectivas. 

Este año Eliana no pudo sumarse a la temporada. Una cirugía de la cervical la obligó a frenar el ritmo, algo poco común en su vida acostumbrada a la actividad constante. Cuando repasa su vida en las chacras admite que fue un trabajo que exigió mucho de ella, aunque siempre repite algo con firmeza y agradecimiento: "Fue una manera de salir adelante".